Bueno, pues ahora va a haber un pequeño cambio. No vamos a seguir con las verdades que hemos estado viendo. Por las fechas en que nos encontramos, vamos a tratar de llevar a cabo un recorrido por toda la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Vamos a ir analizando, en forma muy breve, cada una de las horas y haciendo algún que otro comentario, sobre todo referido a lo que en realidad fue la intención de Jesús al llevar a cabo este dictado. Así que vamos a tratar de que quede, en poco tiempo y en pocas palabras, una idea más clara, más concreta, de lo que es la Pasión de Jesucristo.
Lo primero: siempre hemos tenido esta idea de que el Verbo eterno se encarna para venir a salvarnos; o sea, que es la parte como primordial para nosotros, o sea, que viene a redimirnos, y ponemos a la Encarnación del Verbo como causa de —no como causa, sino como efecto de— la original. Esto, aunque es real, pero no lo es todo.
Y no lo es todo por lo siguiente. Vamos a basarnos en los escritos de Luisa para ir analizando más o menos esto.
En el Libro 25, lectura 34, dice Jesús:
“¿Quién puede decirte, hija mía, cuánto mal puede hacer una criatura cuando llega a sustraerse de la voluntad de su Creador? Mira, bastó un acto de sustracción del primer hombre a nuestra voluntad divina para cambiar la suerte de las generaciones humanas, y no solo eso, sino que cambió la misma suerte de nuestra Divina Voluntad.
Si Adán no hubiese pecado, el Verbo eterno, que es la misma voluntad del Padre Celestial, debía venir a la Tierra glorioso, triunfante y dominador”.
¿Qué nos está diciendo? Bueno, simplemente que
el plan, la idea de Jesús, la idea de Dios en la creación y en la creación del hombre era el venir a reinar, el venir a estar en este mundo reinando, y su reino era en cada criatura.
Por lo tanto, en el momento que Adán desobedece,
sale de esta Divina Voluntad,
sale de esta semejanza que tiene con Dios,
salen todas las posibilidades de poder llegar a llevar a cabo el Reino de Cristo en la Tierra.
Así que el más perjudicado fue Dios.
El hombre perdió, sí, perdió, pero Dios fue prácticamente el expulsado del paraíso terrenal, porque el paraíso terrenal, en este sentido, era el hombre, que es donde Dios tenía que habitar.
Era un paraíso doble:
- paraíso de Dios, porque ahí encontraría el lugar perfecto para edificar este reino, y
- paraíso del hombre, por estar en total unión con Dios.
Entonces, Adán desobedece, Dios se sale y el hombre pierde la posibilidad de estar en relación con Dios.
Ahora, el Verbo eterno, que ya estaba en la idea de estar encarnado, porque la idea de la Encarnación era precisamente esta: tener una criatura que fuera capaz de poder recibir a todo Dios, que lo amara y capaz de poder amar a Dios con el... pero con un amor igual, con un amor divino.
Y esto nos lo comprueba San Pablo cuando dice, hablando de Jesús, que es el primogénito de toda la creación: primero, antes que el mundo, antes que los elementos, antes que todo, primero es Él. O sea, esta creación de la humanidad de Jesús en la mente de Dios.
Así que, bueno, teniendo esto en cuenta, podremos empezar a entender un poco el porqué tantísimo sufrimiento de Jesús.
Yo no sé si se hayan preguntado alguna vez por qué era necesario tanto sufrir; o sea, cuál es la razón de tanto tiempo y, sobre todo, de tantos años de vida del Verbo eterno encarnado en la tierra: de 30 años de vida oculta, de 3 años de vida pública y de menos de un día en su Pasión.
¿Te lo han preguntado alguna vez?
—Pues por todos los actos de voluntad humana de toda la humanidad.
Bueno, ahora con esta revelación...
Ah, bueno, pero antes de esto, antes de eso, además pensábamos que el Padre era muy cruel, porque para la Redención se tuvo que pasar Jesús por momentos muy fuertes, muy agudos, de mucho sufrimiento. Entonces, bueno, el Padre entregó a su Hijo para estos sufrimientos solo para esto.
—Bueno, yo diría: solo para salvar al hombre.
—Ah, para salvar al hombre.
—Ajá. Y al hombre tan chiquito, a comparación de... Todo ser inteligente tiene una finalidad, y esa finalidad generalmente es para él mismo. Dios, ser inteligente, todo lo que hace lo debe tener una finalidad, y esa finalidad es para uno mismo, para Él mismo, no para el hombre.
¿Dónde quedaría el decoro de Dios poniendo todas sus obras a servicio de una criatura, como dice Alejandro, muy inferior al ser de Él? Como si alguno de nosotros diera la vida por un hormiguero. Y todavía hay una distancia muchísimo más pequeña, en realidad.
—Así es. Y nosotros llamamos, hasta cierto punto, desquiciados a aquellos que dedican su vida, que se entregan totalmente a una labor, por ejemplo, de conocer no a una hormiga, sino a un orangután, a un gorila, a un león, y ahí pasan toda su vida en eso. O sea, realmente es algo que no es muy entendible. Pero, en fin.
Así que vamos a empezar a ver estas horas, a ver qué vamos descubriendo a través de ellas.
—Sí. Uno de los problemas principales que tenemos en la actualidad, y bueno, siempre ha existido, pero en la actualidad es mucho más notorio, es esta parte del alejamiento que tenemos de Dios, ese ya no pensar en Él, no tomarlo en cuenta.
—¿Y la causa? ¿Cuál es la causa?
—Bueno, vamos a ver qué nos dice Jesús.
Sí. El 2 de febrero de 1917, Jesús le dice a Luisa:
- “Una de las causas del alejamiento que existe en la actualidad entre el hombre y Dios es el haber perdido de vista mi Pasión. Por lo cual el mundo se ha desequilibrado.
- En las tinieblas no ha encontrado la luz de la Pasión que lo ilumine y, haciéndole conocer mi amor y cuántas penas me cuestan las almas, pueda reaccionar y amar a quien verdaderamente lo ha amado.
- La luz de mi Pasión, guiándolo, lo pondría en guardia de todos los peligros.
- En la debilidad no ha encontrado la fuerza de esta Pasión que lo sostenga.
- En la impaciencia no ha encontrado el espejo de mi paciencia que le infunda la calma, resignación y, ante esta, avergonzándose, tenga como un deber dominarse a sí mismo.
- En las penas no ha encontrado el consuelo de las penas de un Dios que, sosteniendo las suyas, le infunda amor al sufrir.
- En el pecado no ha encontrado la verdadera santidad que, haciéndole frente, le infunda odio a la culpa.
- Por esto el mundo ha perdido el equilibrio.Ha hecho como un niño que no ha querido conocer más a su madre, como un discípulo que, desconociendo al maestro, no ha querido escuchar más sus enseñanzas, ni aprender sus lecciones. ¿Qué será de este niño y de este discípulo?”
Entonces, ¿qué nos dijo? Bueno, la Pasión,
- su Pasión, es luz, es fuerza, es paciencia, es consuelo, es santidad.
Y eso es todo. Esto le serviría al hombre para poder dominarse a sí mismo; o sea, y ese dominarse a sí mismo hubiera sido la llave maestra para no dejar que todas las pasiones, los vicios, se apoderaran de él. Y eso es lo que nos ha llevado poco a poco al alejamiento y al desconocimiento de Dios.
Incluso en la actualidad, o sea, en muchas ocasiones se piensa que Dios es opresivo, que Dios nos quiere tener como sojuzgados a Él y no nos quiere dar la libertad de poder ser nosotros mismos, cuando en realidad es totalmente al contrario.
Estas son ideas que el enemigo ha introducido en nosotros y hemos querido estar siempre en este campo de no libertad, sino de libertinaje, que le hemos querido dar total y absoluta libertad, no libertad, satisfacción a la parte humana, a la naturaleza humana de nosotros, y hemos abandonado todo el fortalecimiento de la naturaleza espiritual que tenemos.
Así que, bueno, esta es la razón de este alejamiento.
Ahora Jesús, desde comienzos de su vida de intimidad con Luisa, le pide que la meditación de su Pasión se debe convertir en una actividad cotidiana que nunca se aparte de su mente: los sufrimientos que Él tuvo que sufrir para rescatar a la familia humana. Y se lo pide por lo anterior, o sea, por lo que hemos visto ahorita.
Le dice también que a su Madre Santísima nunca se le apartó el pensamiento de su Pasión; o sea, que siempre lo tuvo presente, o sea, para estarlo consolando, para estarlo amando y todo a nombre de toda la familia humana.
Nos está pidiendo a nosotros lo mismo: realmente que siempre tengamos en nuestra mente la idea de esta Pasión y poderlo consolar, poderlo aliviar, para poder seguir adelante Él en sus sufrimientos, pero ahora acompañado por la criatura, para hacer más fuerza a toda la familia humana, para convertirla.
Vamos a leer algunas.
La 2,69 dice:
“Ten siempre ante tu mente la luz de mi Pasión, porque al ver mis acerbísimas penas las tuyas te parecerán pequeñas y, al considerar la causa por la que sufrí tantos dolores inmensos, que fue el pecado, los más pequeños defectos te parecerán graves. En cambio, si no te miras en Mí, las más pequeñas penas te parecerán pesadas y los defectos graves los tomarás como cosa de nada”.
Interesante lo que dice, ¿no? O sea, comparado con Él, o sea, comparado con sus penas, nuestras penas, que siempre nos afligen, nos ponen en terribles situaciones, pues son prácticamente cosa de nada.
Entonces, ante Él, ante sus penas, las nuestras no tendrían ninguna significación y deberíamos estar siempre atentos a Él.
Y entonces, estando en ese sentido, las más pequeñas culpas, los más pequeños defectos, nos parecerían enormes por el saber el daño que le estamos causando a Jesús, no por el hecho en sí mismo.
En nosotros, por ejemplo, decimos una mentira, una “mentirita blanca”, sí, podemos decir lo que queramos, así. Eso no lo tomamos realmente en cuenta. Sin embargo, es una negación de lo que Jesús nos pide, es una negación de lo que Jesús quiere hacer con nosotros y es un impedimento de más que se le pone al desarrollo de su vida y de su reino en nosotros.
Así que no nos acostumbremos a pensar que todo esto es cosa de nada.
—Seguimos, por favor.
—Ya ahí terminó la lectura.
—Sí, por eso seguimos.
La finalidad de estas Horas de la Pasión no es tanto el narrar la historia de la Pasión, porque ya hay muchos libros que tratan este piadoso argumento y no habría sido necesario hacer otro.
La finalidad es la reparación, uniendo los diversos puntos de la Pasión de Nuestro Señor con la diversidad de tantas ofensas y, junto a Jesús, hacer una digna reparación, rehaciendo casi todo lo que todas las criaturas le debemos.
Y por esto, los diversos modos de reparar en estas Horas: en algunos puntos se bendice, en otros
se compadece,
en otros se alaba,
en otros se consuela
al penante Jesús, en otros
se compensa, en otros
se suplica,
se ruega y
se pide.
O sea, no,
la intención no es una narración de la Pasión, sino es una forma de reparar todo lo que Jesús hizo a través de todos estos sufrimientos,
sobre todo saber el porqué cada sufrimiento de Jesús tiene una causa específica
que debemos entender para tratar de remediarlo en el futuro de nosotros.
Así que vamos a poner atención en todo lo que hace para ir sabiendo el porqué y poder rehacerlo, sí, poder rehacer nuestros actos, poder corregirlos y así llegar a un entendimiento perfecto con Él.
—Sí. Y por eso dice que en algunos puntos se bendice, en otros se compadece, se alaba, se consuela. O sea, son diferentes cosas que tenemos que hacer.
Ahora, aunque Luisa no intenta llevar a cabo una narración específica de cada sufrimiento, pero de todas maneras entra en detalle en algunos de ellos y, en ocasiones, nos parece como exagerado lo que está diciendo, sobre todo, por ejemplo, en la flagelación, en la corona de espinas, en que son miles y millones quizá de azotes, no solo con un látigo, con cuerdas, con cadenas, con... O sea.
Pero esto nos da una idea. Por favor, esto que se entienda: una idea de que lo que está describiendo es en el interior de Jesús. Se trata de la Pasión interna de Jesús que, como ustedes sabrán,
Jesús tuvo tres pasiones:
la Pasión del Amor,
la Pasión del Pecado y
la Pasión de los judíos.
En las dos primeras, Pasión del Amor y Pasión del Pecado, fueron interiores y su finalidad era rehacer al hombre; o sea, darle de lado... ¿Cómo decirlo? Poner todo lo que el hombre había hecho en función de darle la gloria y el amor a la divinidad, lo que el hombre había defraudado, para permitir que el Padre pudiera dar todo lo necesario para que el hombre quedara rehecho.
Y eso tuvo que ser en su interior y aplicado por la misma divinidad.
En segunda, en la tercera Pasión, que es la de los judíos, la intención era rehacer las fuerzas del hombre; o sea, era darle al hombre todo lo necesario para que pudiera dominarse, que es lo que escuchamos hace unos momentos.
Así que, bueno, con esto tenemos ya una idea del porqué en algunas ocasiones el relato de Luisa parece exagerado.
Ahora vamos a seguir con la 11,52, que es la importancia de conocer a fondo su Pasión.
Dice:
“Hija mía, quien piensa siempre en mi Pasión forma en su corazón una fuente y, por cuanto más piensa en ella, tanto más esta fuente se agranda, y como las aguas que brotan son aguas comunes a todos, así esta fuente de mi Pasión que se forma en el corazón sirve para bien del alma, para gloria mía y para bien de las criaturas”.
Continuamos con el volumen 12, lectura 10.
Dice Luisa:
“Encontrándome en mi habitual estado, estaba fundiéndome toda en mi dulce Jesús y luego me volcaba toda en las criaturas para darles a todas ellas a Jesús”.
Y mi amable Jesús me ha dicho:
“Hija mía, cada vez que la criatura se funde en Mí da a todas las criaturas el influjo de vida divina y, según tienen necesidad, obtienen su efecto: quien es débil siente la fuerza, quien es obstinada en la culpa recibe la luz, quien sufre recibe el consuelo y así de todo lo demás”.
Después me he encontrado fuera de mí misma y me encontraba en medio de muchas almas que me hablaban. Parecía que fueran almas purgantes y santos y nombraban a una persona conocida mía, muerta no hacía mucho, y me decían:
“Él se siente feliz al ver que no hay alma que entre en el purgatorio que no lleve el sello de las Horas de la Pasión y, cortejadas, ayudadas por estas Horas, toma sitio en lugar seguro, y no hay alma que vuele al paraíso que no sea acompañada por estas Horas de la Pasión.
Estas Horas hacen llover del cielo continuo rocío sobre la Tierra, en el purgatorio y hasta en el cielo”.
Al oír esto decía entre mí:
“Tal vez mi amado Jesús, para mantener la palabra dada, que por cada palabra de las Horas de la Pasión daría un alma, no hay alma que se salve que no se sirva de estas Horas”.
Bueno, esta es la forma en que le explica el cómo es esto de que por cada palabra se le dará un alma. Todas las almas que llegan al cielo llevarán la marca de estas pasiones, de estas horas de la Pasión.
En fin, después pasamos a la lectura del volumen 28, lectura 4.
Dice Jesús:
“Hija mía, cuando un alma recuerda lo que Yo hice y sufrí en el curso de mi vida acá abajo, me siento renovar mi amor, por lo cual se inflama y desborda y el mar de mi amor forma olas altísimas para verterse en modo duplicado sobre las criaturas”.
Este es... Para poder llevar a cabo estas Horas necesitamos estar totalmente fundidos con Él, y Él, al recibirla, extenderá su amor en toda la familia humana. Sea otro beneficio más para todos, todos los habitantes del mundo.
Seguimos.
Las tres primeras horas de la Pasión corresponden a la llegada de Jesús ante su Madre Santísima para despedirse, a la separación de ella y a la Cena legal.
Primera hora
“Oh Jesús, en esta hora tan desgarradora para tu ternísimo corazón, ¿qué lección nos das de filial y amorosa obediencia hacia tu mamá? ¡Qué dulce armonía hay entre Tú y María! ¡Qué suave encanto de amor que sube hasta el trono del Eterno y se extiende para salvación de todas las criaturas de la Tierra!
Oh, celestial Mamá mía, ¿sabes qué quiere de ti el adorable Jesús? No quiere otra cosa que tu última bendición.
Es verdad que de todas las partes de tu ser no salen sino bendiciones y alabanzas a tu Creador, pero Jesús, al despedirse de ti, quiere oír las dulces palabras: ‘Te bendigo, oh Hijo’.
Yo me uno a ti, oh dulce Mamá. Sobre las alas del viento quiero girar por el cielo para pedir al Padre, al Espíritu Santo y a todos los Ángeles un ‘Te bendigo’ para Jesús, a fin de que, yendo a Él, le pueda llevar sus bendiciones.
Y aquí en la Tierra quiero ir a todas las criaturas y pedir de cada labio, de cada latido, de cada paso, de cada respiro, de cada mirada, de cada pensamiento, bendiciones y alabanzas a Jesús. Y si ninguno me las quiere dar, yo quiero darlas por ellos.
Oh, dulce Mamá, después de haber girado y vuelto a girar para pedir a la Trinidad Sacrosanta, a los Ángeles, a todas las criaturas, a la luz del sol, al perfume de las flores, a las olas del mar, a cada soplo de viento, a cada llama de fuego, a cada hoja que se mueve, al centellar de las estrellas, a cada movimiento de la naturaleza, un ‘Te bendigo’, vengo a ti y uno mis bendiciones a las tuyas”.
O sea, que esta es la función del alma que hace estas Horas, fundida en la Divina Voluntad: o sea, de toda la creación, de todas las criaturas, incluso de la divinidad, un “Te bendigo” para ponerlo unido con el de nuestra Madre, para dársela a Jesús como una reparación por todo lo que Él va a sufrir y como un refuerzo, como una ayuda para afrontar todo esto que tiene que emprender en este día.
Así que tratemos siempre de estar en esta actitud de bendecir a Jesús. La creación, en cada cosa creada, nosotros tenemos que poner un “Te bendigo” por cada cosa creada, porque las cosas creadas no tienen razón.
Por cada criatura, o sea, tenemos que poner nuestro “Te bendigo”, porque la mayor parte de las personas no tiene esta actitud de bendecir a Jesús y mucho menos de unirse con nuestra Madre, en hace 2000 años, para darle esta bendición a Jesús, y por todos los santos, por todos los santos que existen, para poner su bendición junto con la nuestra, con todos los Ángeles, y todo esto unirlo en un “Te bendigo” del Padre y del Espíritu Santo, para fortificar y hacer un solo acto de bendición unido a la bendición de nuestra Madre para Jesús.
Esta es nuestra labor en esta hora.
La 14-40:
“Estaba pensando y acompañando a Jesús en la hora de la Pasión, cuando fue ante la Divina Mamá para pedirle su santa bendición, y mi dulce Jesús en mi interior me ha dicho:
‘Hija mía, antes de mi Pasión quise bendecir a mi mamá y ser bendecido por ella, pero no fue únicamente a mi mamá a quien bendije, sino a todas las criaturas, no solo animadas, sino también inanimadas. Vi a las criaturas débiles, cubiertas de llagas, pobres. Mi corazón tuvo un latido de dolor y de tierna compasión y dije: “Pobre humanidad, cómo estás decaída. Quiero bendecirte a fin de que resurja de tu decaimiento. Mi bendición imprima en ti el triple sello de la potencia, de la sabiduría y del amor de las tres divinas personas y te restituya la fuerza, te sane y te enriquezca. Y para circundar de defensas, bendigo todas las cosas creadas por Mí, a fin de que las recibas bendecidas por Mí. Te bendigo la luz, el aire, el agua, el fuego, el alimento, a fin de que quedes como abismada y cubierta con mis bendiciones”.’
Pero como tú no las merecías, por eso quise bendecir a mi mamá, sirviéndome de ella como canal para hacer llegar a ti mis bendiciones”.
Entonces, con esta bendición que Jesús le da a María, nos está bendiciendo a todos nosotros y nos está bendiciendo todo lo creado, para que todo lo creado nos traiga esa bendición y cumpla prácticamente la finalidad por la cual fueron creados y todos los oficios y las finalidades de ellas hacia nosotros.
Sí. Entonces, bueno, esto que quede muy claro: en la bendición de María nos bendice a todos nosotros.
Ahora, ¿cuánto le habrá costado a Jesús el separarse de su Madre Santísima? ¿Qué sería para ella? O sea, ¿y qué sería para Él? Pero esto no tenemos idea de qué significaba María para Jesús.
Así que vamos a leer qué es lo que significa para Jesús.
Esto sí, volumen 11, lectura 53.
Dice Jesús:
“Hija mía, tú no puedes comprender bien lo que fue mi querida mamá para Mí. Yo, viniendo a la Tierra, no podía estar sin cielo y mi cielo fue mi mamá. Entre Yo y ella pasaba tal electricidad que ni siquiera un pensamiento hubo en ella que no lo tomara de mi mente, y este tomar de Mí la palabra, la voluntad, el deseo, la acción, el paso, en suma, todo, formaba en este cielo el sol, las estrellas, la luna y todos los gozos posibles que puede darme la criatura y que puede ella misma gozar.
¡Oh, cómo me deleitaba en este cielo! ¡Cómo me sentía consolado y rehecho de todo! También los besos que me daba mi mamá encerraban el beso de toda la humanidad y me restituían el beso de todas las criaturas.
En todo me sentía a mi dulce mamá. Me la sentía en el respiro y, si era afanoso, me lo aliviaba. Me la sentía en el corazón y, si estaba amargado, me lo endulzaba. En el paso y, si estaba cansado, me daba aliento y reposo.
¿Y quién puede decirte cómo me la sentía en la Pasión? En cada flagelo, en cada espina, en cada llaga, en cada gota de mi sangre, en todo me la sentía y me hacía el oficio de mi verdadera madre.
Ah, si las almas me correspondieran, si todo tomaran de Mí, ¡cuántos cielos y cuántas madres tendría sobre la Tierra!”
Bueno, es una forma de decirnos lo que Él sentiría si, en algún momento dado, todos viviéramos en la Divina Voluntad. Y cuando menos ya tenemos una leve idea de lo que María significaba para Jesús.
O sea, el Verbo eterno encarnado, viviendo en el cielo, estaba rodeado totalmente por la divinidad. Ahora, al venir a la Tierra, no podía estar sin este conjunto de atributos, de dones, y todo lo encontraba en nuestra Madre Santísima, que lo tenía gracias a la Divina Voluntad obrante en ella.
Así que, bueno, ahora Jesús, ¿por qué va a pedirle a María su bendición? Bueno, porque Él quería bendecir a María y nos quería bendecir a todos a través de ella.
Pero ¿qué cosa significa la bendición? O sea, ¿cuál es el significado de esto? No es un “que te vaya bien”, “que te proteja”. No.
Vamos a leer qué quiere decir bendecir.
Es en la 12-141, la 24-31, atrás.
Dice: “Significado de la bendición y de la señal de la cruz”.
24-31, julio 29, 1928:
“Mi bendición sea la confirmación de nuestra semejanza en ti. Ella te confirma lo que la divinidad hizo en la creación del hombre, esto es, nuestra semejanza.
Por eso tú debes saber que en el curso de mi vida mortal, en cada cosa que Yo hacía, bendecía siempre. Era el primer acto de la creación que Yo llamaba nuevamente sobre las criaturas y, para confirmarlo, bendiciendo invocaba al Padre, al Verbo y al Espíritu Santo”.
Entonces, ¿qué quiere decir? Nos está ratificando todo lo que Él tenía la intención de hacer a través de esta bendición, todo lo que tenía intención de hacer en nosotros, criaturas. ¿Cuál era la finalidad?
Y bendecía también a la creación para volverla a ese punto de origen, que era servir al hombre, para traernos el amor de Dios, para traernos los atributos de Dios, para que viéramos, como reflejo, los atributos de Él, para poder irlo conociendo.
Entonces, todo, todo era una confirmación de la obra creadora de Dios.
Sí. Y el bendecirlo a nosotros es unirnos también a esa confirmación.
Así es.
Así, cuando nosotros nos ponemos ya en esta actitud, ahora también esa bendición la tenemos nosotros y lo acompañamos en ella.
Es que yo estaba viendo que todas las bendiciones que le demos, reparaciones, oraciones, todo lo activo, digamos, o sea, nuestras oraciones, todo eso nos acerca muchísimo a Jesús y como que ya luego se dan los conocimientos.
O sea, que no tratar de tener primero los conocimientos y no actuar primero. Digo, es una forma, pero por eso estamos de acuerdo. O sea, el conocimiento te sirve para saber qué hacer, qué hacer dentro de este medio de la Divina Voluntad.
El entrar en la Divina Voluntad no es exactamente por el conocimiento,
sino es por la intención,
por la disposición,
y ya luego con eso entramos
y el conocimiento te va indicando qué se puede hacer dentro de ella.
Es que un ejemplo: si le quiero enseñar a jugar fútbol a 22 niños, pues yo los pongo en una cancha y les aviento el balón y, sobre la marcha, les voy enseñando las reglas. Pero que le vayan pegando al balón. Les digo: “Ustedes tiran para allá y ustedes para allá”, y sobre la marcha les voy dando las reglas.
Entonces, como que empecé... Y yo, a ver, eso que primero es la acción y luego ya los conocimientos ya van entrando solos.
Pero no hay reglas.
Entonces, a mí me ha servido eso.
Así es. A otro le puede servir otra cosa.
Entonces nos renueva la memoria, nos renueva la inteligencia y nos renueva la voluntad gracias a este llamado de la Trinidad en esa bendición, para renovar y asegurar que todo lo que Él creó está a nuestra disposición.
Nos avienta la pelota, como dice Alejandro.
Sí.
Vamos a... De los efectos de la bendición.
Segunda hora
En esta segunda hora, Jesús se separa de su Madre Santísima y se encamina al Cenáculo.
“Mi adorable Jesús, veo que te decides a partir para ir a donde el querer del Padre te llama. Es tanto el amor entre el hijo y madre que os vuelve inseparables, por lo que Tú te quedas en el corazón de la mamá y la Reina y Dulce Mamá se deja en el tuyo. De otra manera os habría sido imposible el separar.
Pero la palidez de tu rostro, tus labios temblorosos, tu voz sofocada, como quisiera romper en llanto al decirle adiós, todo me dice cuánto la amas y cuánto sufres al dejarla, pero para cumplir la voluntad del Padre.
Con vuestros corazones fundidos el uno en el otro, a todo os sometéis, queriendo reparar por aquellos que, por no vencer las ternuras de los parientes y amigos, los vínculos y los apegos, no se preocupan por cumplir el querer santo de Dios y corresponder al estado de santidad al que Dios los llama”.
Esto es una verdad del tamaño del universo.
¿Cuántas veces, por afectos, por amores humanos, dejamos de lado estos afectos, estos amores a Jesús y, sobre todo, omitimos cumplir con la voluntad del Padre?
Jesús nos enseña aquí que, siendo María su cielo, siendo María todo lo que nos acaba de decir, sin embargo, por la voluntad del Padre, que quiere que nosotros... que quiere, perdón, que quiere que nos enseñe Jesús a separarse, a separarnos de todo esto, Jesús se somete a esta separación, a esta cruel separación, pero al mismo tiempo nos enseña que se mantienen unidos en la Divina Voluntad.
Qué hermoso sería que todos, viviendo en la Divina Voluntad, no tomáramos tanto en cuenta la separación física, sino tomando en cuenta la separación espiritual a través de esta Divina Voluntad.
“Sí, amable amor mío, mientras contigo reparo, permíteme que permanezca con tu mamá para consolarla y sostenerla mientras Tú te alejas”.
Pero con sumo dolor veo que mi angustiada mamá tiembla y es tanto el dolor que, mientras trata de decir adiós al hijo, la voz se le apaga en los labios y no puede articular palabra. Casi desfallece y, en su desfallecimiento de amor, dice:
“¿Qué dolor no te dan estas almas al rechazar de sus corazones el amor que quieres darles, para contentarse con el amor de las criaturas?”
Así es, ahora.
Después de esto ya Jesús empieza a caminar rumbo a este tremendo... este encuentro de su Pasión.
—¿Y a dónde se dirige?
—A Jerusalén.
—En Jerusalén, exactamente.
¿Y qué dice? Que mientras recorre las calles de Jerusalén, Luisa nos pone en conocimiento de lo que Él iba diciendo, y dice:
“Es la última vez que recorro estas calles por Mí mismo. Mañana las recorreré atado, arrastrado entre mil insultos. Mi vida está por llegar a su ocaso acá abajo, como está por llegar a su ocaso el sol, y mañana a esta hora no estaré más. Pero como sol resurgiré al tercer día”.
Y diciendo a sus apóstoles:
“Ánimo, no se aflijan. Yo no los dejo. Siempre estaré con ustedes, pero es necesario que Yo muera por el bien de todos ustedes”.
Sí. Volumen 14, lectura 73.
Dice Jesús:
“Mi Humanidad, no queriendo otra vida que la sola voluntad divina, iba suplicando cada pensamiento, palabra y obra de criatura y extendía sobre todo un acto de voluntad divina, y esto daba satisfacción y glorificaba al Padre divino, de modo que Él pudo mirar al hombre y abrirle las puertas del cielo, y Yo anudaba con más fuerza a la voluntad humana, dejándola siempre libre de no separarse de la voluntad de su Creador, causa por la que se había precipitado en tantas desgracias.
No estuve contento solo con esto, sino que quise que mi Mamá también Santa me siguiera en el mar inmenso del querer supremo y, junto conmigo, duplicara todos los actos humanos, poniendo en ellos el doble sello, después del mío, de los actos hechos en mi voluntad sobre todos los actos de las criaturas”.
O sea, que también nuestra Madre participó en este rehacer al ser humano, poniendo un acto de ella sobre cada acto de Jesús.
Y lo mismo nos pide prácticamente a nosotros, que, fundiéndose, para acompañarlos, para amarlos, para glorificarlos por todo lo que hacen y, sobre todo, participar de los efectos de sus actos, porque ahora nosotros también, de nosotros, sale el efecto de ellos.
Tercera hora
Dice: La Cena legal.
En esta, todo es amor en Ti. En esto no solo reparas por los pecados de gula, sino que consigues también la santificación del alimento, y así como este se convierte en fuerza, así nos obtienes la santidad hasta en las cosas más bajas y más comunes.
Curioso, ¿no? Nosotros podemos tener esta santidad en todo y todo nos sirve para acrecentar esta santidad y nos sirve para ir creciendo cada día más en este estado de semejanza con Jesús.
O sea, que toda esa bendición que hablábamos en la segunda hora nos sirve para esto y a la creación la deja restituida todo lo que Él había puesto en ella en el momento de la creación.
Así que cada vez que comamos, cada vez que respiremos, cada vez que tomemos agua, cada vez que hagamos lo que hagamos, debemos tener presente que estamos recibiendo estos beneficios que Dios ha puesto en nosotros para llevar a cabo nuestra santidad.
Es en esta hora que ve en los dos discípulos, Juan y Judas, representados los dos pueblos: el réprobo y el elegido.
El réprobo en Judas, que siente ya el infierno en el corazón, y el elegido en Juan, que en Ti reposa y goza, pero en esos momentos se te escapan dolorosos latidos por las almas perdidas.
“Oh Jesús, no permitas que nuevas almas se pierdan. Haz que tu latido, corriendo en el suyo, les haga sentir los latidos de la vida del cielo y, atraídas por la suavidad y dulzura de tu amor, todas puedan rendirse a Ti”.
El alimento que tomas es un Cordero que te representa y, así como en este Cordero, por la fuerza del fuego, no queda ningún humor vital, así Tú, Místico, que por las criaturas debes consumirte todo por fuerza de amor, ni siquiera una gota de tu sangre conservarás para Ti, derramándose.
Pasión que tienes siempre presente en la mente, en el corazón, en todo. Y esto me enseña que, si también yo tuviera siempre delante a mi mente y en el corazón el pensamiento de tu Pasión, jamás me negarías el alimento de tu amor.
¡Cuánto te agradezco por esto!
Vamos a seguir.
Terminada la Cena legal, elévese el himno de agradecimiento al Padre por haberles dado el alimento, queriendo reparar con esto todas las fallas, las faltas de agradecimiento de las criaturas por los tantos medios como nos das para la conservación de la vida corporal.
Una simple sugerencia: siempre dar las gracias, agradecer por todo lo que se nos ha dado, cosa que no siempre acostumbramos.
Seguimos.
Volumen 13, lectura 22.
Dice Jesús:
“Mientras cenaba con mis discípulos, no era solo a ellos a quienes tenía a mi alrededor, sino a toda la familia humana, y mientras dividía el cordero, ofreciéndoles a los apóstoles, lo daba a todos y a cada uno. Aquel Cordero desvenado, asado, cortado en pedazos, hablaba de Mí; era símbolo de mi vida y de cómo debía reducirme por amor de todos, y Yo quise darlo a todos como alimento exquisito que representaba mi Pasión.
Pero ¿sabes tú por qué llamé a todos y les di el cordero a todos?
Porque también Yo quería el alimento de ellos.
Cada cosa que hicieran quería que fuese alimento para Mí.
Quería el alimento de su amor, de sus obras, de sus palabras, de todo”.
Bueno, este punto es también especial. En realidad, en estas tres primeras horas no nos ha hablado mucho de lo que... de la reparación que Él quiere. Simplemente el acompañarlo, el bendecirlo, el acompañar a nuestra Madre Santísima y ahora, en la Cena, bueno, el agradecimiento por los alimentos, en fin.
Pero esto último es importante. Dice:
“¿Sabes tú por qué llamé a todos y les di el cordero a todos?”
Porque nos dijo que en los apóstoles estábamos todos representados, todos nosotros, y nos estaba ofreciendo prácticamente el mismo alimento que ellos estaban tomando.
Dice:
“Porque también Yo quería el alimento de ellos”.
Cosa muy curiosa: nosotros nos alimentamos de Jesús, pero Jesús se alimenta de nosotros.
Nosotros nos alimentamos de Él en su vida eucarística, su vida completa, sus actos, en fin, todo lo que Él realizó en este mundo. Ahora Él quiere alimentarse de nosotros.
Y ese alimentarse de nosotros significa que cada acto nuestro hecho en la Divina Voluntad —porque debe ser así—, si no es en la Divina Voluntad, a Él no le sirve de alimento, porque Él se alimenta de lo divino, no de lo humano.
Recordemos aquel pasaje cuando está Jesús con la samaritana. O sea, que empiezan a entablar aquel diálogo del agua, en fin, y cuando llegan los apóstoles, que habían ido por comida, o sea, le dicen a Jesús que coma, y le dijo:
“Es que Yo ya comí”.
Y entonces preguntan entre ellos:
“¿Quién le habrá traído alimento?”
¿Qué dice Jesús?
Que hacer la voluntad del Padre es su alimento.
Así es. Esto es lo que Él quiere de nosotros: que nosotros, fundidos en la Divina Voluntad, hagamos todos nuestros actos en Ella para que Él pueda alimentarse prácticamente de la voluntad del Padre, pero saliendo de nosotros, que son las bolitas que salen de Luisa.
Sí, en esa lectura donde Jesús llega con Luisa y le dice:
“Tengo hambre”.
Y entonces Luisa le dice:
“Señor, es que no tengo nada que darte”.
Y nos dice Luisa que Jesús metía la mano en el interior de Luisa y sacaba unas bolitas blancas y se las comía.
Y entonces Luisa, admirada, le dice:
“Oye, ¿y eso de dónde lo sacaste?”
Y le dice:
“Estos son tus actos hechos en mi voluntad”.
En fin.
Bueno, pues hasta aquí tenemos, en esta hora, estas tres primeras partes de la Pasión de Jesús.
—¿Algún comentario, Aita?
—Sí, doctor. De hecho, hay una pregunta que hice: ¿cómo meditar cada hora de nuestro día y las 24 Horas de la Pasión?
—Bueno, no. La meditación no se debe hacer en forma humana, en donde nos ponemos tranquilamente en actitud de estar pensando, y esto sería prácticamente imposible con nuestras actividades diarias.
Esta forma nos pone en la firme convicción de que todo lo que estemos haciendo, recibiendo, dando, se lo debemos prácticamente a la Pasión de Jesús; que todo lo que somos, que todo lo que tenemos, que todo lo que pensamos, que todo lo que hablamos, se lo debemos a la Pasión de Jesús y que debería de estar saliendo de nosotros, pero en esa unión con esa Pasión.
Entonces, este sería el modo de estar continuamente sobre estos actos, haciendo lo que Jesús quería que hiciéramos.
En fin, no se trata de ir pensando, meditando, porque sería imposible poderlo hacer desde un punto de vista práctico junto con nuestras actividades diarias.
No sé qué qué opinen ustedes.
—Sí, pues sí. Es este... como que es muy personal, ¿no?
—Es personal.
—O sea, totalmente. Pero, sobre todo, es la firme convicción de que todo se lo debemos a la Pasión de Jesús.
—¿Algún otro invitado?
—Sí, doctor. También Marisol Mendoza dice: “Ya al empezar a hacer las Horas de la Pasión y al fundirnos en la Divina Voluntad, ¿ya las estamos viviendo?”
—Bueno, de alguna manera, sí, así es.
—Y, pues, también sobre la bendición de la comida y por qué dicen que ya no... ya podría ser voluntad humana y pedirle, en el sentido de que nos bendiga los alimentos, no solamente podamos pedir el reino para hacerlo todo voluntad. Ya no entendí.
Es que dice: “He escuchado que el doctor solamente que se pide el Reino, de lo contrario nos saldríamos de la Divina Voluntad, y si Jesús ya bendijo todo, no tiene sentido volvérsela a pedir”.
—No es que una cosa es bendecir y otra cosa es pedir. O sea, el unirnos con Él, unirnos con Él en su acto de bendecir, sería ponernos en ese momento y bendecir junto con Él los alimentos.
Entonces, cada vez que nosotros comamos, puede ser antes o después, agradecer.
Primer punto: agradecer el hecho de que nos los ha dado.
Después, el tener presente que son obras de la creación de Dios y que en esos alimentos está la bendición de Dios para traernos todos los beneficios y el amor que Él quiso poner en cada uno de ellos.
O sea, no se trata de pedir; se trata de agradecer y de bendecir junto con Él todo lo que ha hecho.
—Sí. He estado...
—Bueno, gracias.
De la lectura 53, un párrafo que no leímos que me llamó la atención, que dice, cuando se separó de su mamá, Jesús, que dice:
“Hija mía, ciertamente que no podía ver separación entre Yo y mi dulce mamá. La separación fue solo aparentemente. Yo y ella estábamos fundidos juntos y era tal y tanta la fusión que Yo quedé con ella y ella vino conmigo. Así que se puede decir que hubo una especie de bilocación”.
Y lo siguiente, lo que quería leer, que dice:
“Esto sucede también a las almas cuando están unidas verdaderamente conmigo y, si rezando hacen entrar en sus almas como vida la oración, sucede una especie de fusión y de bilocación. Yo, dondequiera que me encuentre, las llevo conmigo y Yo quedo con ellas”.
O sea, que entre más oraciones, bendiciones, gracias y todo eso, como que vamos entrando a esa fusión con Jesús más.
—Así es.
Yo quiero recalcar, porque se presta a confusión cuando se oye la palabra oración. Recordemos que la oración en la Divina Voluntad son los giros, o sea, es la unión con Él, haciendo lo que Él hacía.
Entonces, por ejemplo, esto que dice en esta lectura es cierto: sí, la oración nos ayuda, nos adentra, nos acerca a Él, pero es el fundirnos en la vida de Él.
—Ajá. Sí.
Cuando dice: “Reza, pero reza como rezo Yo”.
—Así es.
No, porque si no, si lo dejamos así y lo entendemos como oración, lo podemos pensar en forma tradicional y, pues, para eso vamos por el librito de oraciones y nos ponemos a leer.
—Sí, no.
Y no se trata de eso. No se trata de girar en la vida de Jesús, juntos, fundidos en la Divina Voluntad.
—Sí. Yo pensaba, por ejemplo, que el rosario sería como un camino, así, este... ¿cómo se llama?, como recorrer una pista para llegar a Dios.
Y entonces pensaba en la película de Volver al futuro. Ahí ponen un coche que vuela al futuro y entonces ahí se usaría ese camino, pero de repente alguien lo está persiguiendo. Cuando viene el coche del futuro, que ya es otro, y entonces dice: “Corre por acá”, y va corriendo el coche y dice: “No, pero ahí no, porque no hay camino”, y le hace: “¿Quién necesita camino?”, y vuela el coche porque ya viene del futuro.
Entonces, como que esa es la nueva oración. Ya no necesitamos ese caminito repetitivo del Rosario, sino que ahora ya es otro nivel. O sea, ya son los giros, como usted dice, o el coche: “¿Quién necesita camino?”
Esto, de alguna manera, aunque es chusco, pero creo que tiene mucha razón, y yo lo uniría prácticamente, o sea, con algunos de los frases de los dichos de
San Juan de la Cruz; o sea, para ir a donde no conoces, tienes que ir por donde no conoces.
Entonces, en el coche, o sea, lo van persiguiendo, él va hacia algún lado, pero tiene que ir por donde no conoce. Simplemente se eleva en el futuro y listo.