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viernes, 25 de septiembre de 2026

MEDITACIÓN DE LAS 24 HORAS DE LA PASIÓN 4.ª HORA 8 a 9 DE LA NOCHE

MEDITACIÓN DE LAS 24 HORAS DE LA PASIÓN

4.ª HORA

La Cena antes de la institución de la Eucaristía 

Te postras a los pies de los discípulos en un acto de suma humildad para lavar sus pies con agua mezclada con tus lágrimas. Esto lo llevas a cabo intentando lavarlos de cualquier imperfección y así prepararlos para recibir el Sacramento.

 

Intentas reparar las obras santas y la administración de los sacramentos hechas por sacerdotes con espíritu de soberbia, vacíos de espíritu divino y desinterés.

 

Oh, mi afligido Bien, hago mía tu vida y, junto contigo, intento reparar todas estas ofensas. Quiero entrar en los más íntimos escondites de tu corazón divino y reparar con tu mismo corazón las ofensas más íntimas y secretas que recibes de tus más amados.

 

Y junto contigo quiero girar en todas las almas que te deben recibir en la Eucaristía y entrar en sus corazones, y junto a tus manos pongo las mías para purificarlos.

 

Bueno, como vemos, seguimos en esta tónica, o sea, de reparación, en donde nosotros debemos de unirnos a todo lo que Jesús lleva a cabo y hacerlo junto con Él.

 

No es lectura, no es lectura, sino es introducirnos en Él, fundirnos en Él y tratar de vivir esto, o sea, hacer una vivencia de esto. O sea, no quedarnos en la lectura, no quedarnos en el conocimiento intelectual, sino irnos un poco más allá.

 

Bueno, no es un poco: es un mucho más allá, que es vivirlo junto con Jesús.

Esto se puede hacer con la intención, pero en realidad, o sea, es bueno, sí, pero no, no es lo que Jesús quiere. La intención en nosotros, o sea, recordemos lo que hemos hablado de la intención, es el llamado que nuestra voluntad le hace a la Divina Voluntad para venir y actuar junto con nosotros.

Por lo tanto, la intención de estar en esto es llamar a la Divina Voluntad para vivirlo junto con Ella. O sea, esa es la intención.

En forma tradicional, la intención es un deseo, o sea, pero no se lleva a cabo el acto. Por lo tanto, debemos de ya mudar a esta forma de orar, a esta forma de estar con Jesús y repararlo, pero haciendo lo mismo que Él hizo y así cumplir lo que nos pide, que es reparar con sus mismas reparaciones lo que Él hizo para el Padre, para que el Padre quedara correspondido a nombre de toda la familia humana.

 

Eso es de Jesús para el Padre, pero Jesús queda prácticamente con este... ¿Cómo diríamos? faltante esta... bueno, todos los sufrimientos que Él tiene que pagar para poder llegar a eso, y ahora somos nosotros los encargados de repararlo.

 

Pero ¿qué mejor reparación que la que Él hace dirigida a Él?

 

Sí, y ya luego, junto con Él, nos unimos para ir a la parte de reparar al Padre.

 

—Y es que la reparación como que sería una parte, pero la misma oración nos va igualando a Jesús, ¿no?

 

—Así es.

 

—No es este como que Él está, digamos, hasta abajo en la Pasión y nosotros desde el medio pudiéramos repararlo, sino que entre más oración y oración y oración vamos llegando a ese punto, a estar junto con Él.

 

—Exacto. Pero recordemos que la oración en la Divina Voluntad es un giro.

 

—Ah, sí.

 

—No es la oración tradicional, porque cometerían el error de empezar a hacer meditaciones sobre la Pasión al estilo anterior y entonces nos quedaríamos prácticamente en esa intención.

 

Pero una intención de deseo, no 

la intención real de la Divina Voluntad.

 

—Pero sí, es ese punto, ¿no? Hay que entrar en total y absoluta intimidad con Jesús, volviéndonos uno con Él, hacer lo mismo que Él hizo.

 

Vamos a seguir.

 

Reparación por las almas que deben recibir a Jesús

1“Ah, Jesús, con estas tus lágrimas y esta agua con las cuales lavaste los pies de los Apóstoles, lavemos a las almas que te deben recibir, purifíquenlos, incendiémoslos, sacudamos de ellos el polvo con el cual están manchados, a fin de que, recibiéndote, Tú puedas encontrar en ellas tus complacencias en vez de tus amarguras.En estos Apóstoles ves representados los futuros hijos de la Iglesia y cada uno representa tus dolores: en uno, las debilidades; en otro, los engaños; en otro, las hipocresías; en otro, el amor a los intereses; en Pedro, las ofensas de los jefes de la Iglesia; en Juan, las ofensas de tus más fieles; en Judas, a los apóstatas, etc Y Tú reparas por cada una de estas ofensas, consiguiendo el remedio oportuno Jesús mío, también yo me uno a Ti. Hago mías tus plegarias, tus reparaciones, tus oportunos remedios para cada alma. Quiero mezclar mis lágrimas a las tuyas, a fin de que jamás estés solo, sino que siempre me tengas contigo para dividir tus penas”.

 

Esto es exactamente lo que nos decía Alejandro: la oración. Pero la oración es hacer nuestras, hacer nuestras, todo lo que Él hacía; hacer nuestro todo lo que Él reparaba.

 

No es leerlo, no es decirlo, no es pensarlo, no es desearlo. Es vivirlo.

 

O sea, en pocas palabras, yo diría: es transformarnos en... para poder tener todo lo que Él hizo por medio de la Divina Voluntad y poder ofrecérselo a Él como una reparación.

 

—Y a lo mejor, este... digo, no desesperarse de que al principio no se puede uno igualar a Jesús, pero como que cada oración nos va uniendo, como que va quitando capas, ¿no? Que puede ser un año de oración o diez años de oración o un mes de oración, pero cada quien... Pues será diferente. Pero no desesperarse porque al principio no se siente.

 

—Bueno, eh, totalmente de acuerdo. Nada más que estamos tratando de poner las cosas como para meditar, para poder ayudar a Jesús en esta Cuaresma, en esta Semana Santa.

 

Es totalmente cierto lo que dice. Llegar a fundirnos totalmente en Jesús no es sencillo. Llegar a fundirnos en la Divina Voluntad no es sencillo. Pero, cuando menos, que tengamos la intención y el firme conocimiento de que esto es lo que debemos estar haciendo.

O sea, ese es todo el... como la... el final de esto.

Porque si me quedo nada más en la lectura y “a ver cuándo entro definitivo”, no se va, no se va a lograr.

Entonces debemos entrar a leer, pero con la firme convicción de que estamos unidos a Él. Se dé o no se dé todavía, por mi inmadurez en la Divina Voluntad, eso no importaría.

 

Lo que importa es ese espíritu de unión con Él.

Y además, al que más le interesa es a Jesús. Jesús es el más interesado en que esto se lleve a cabo. Por lo tanto, Él remediará nuestra debilidad, nuestra insuficiencia, y lo tomará como si realmente estuviéramos ahí.

Y en ese momento será una realidad. Una realidad que no veremos, no experimentaremos nosotros en forma real aquí en vida, pero que queda como actos hechos ya en presencia de Él, en la eternidad.

Y cuando lleguemos a ese punto, cuando muramos, nos vamos a dar cuenta de que todo eso es una realidad y lo veremos y lo viviremos nuevamente con Él.

—Sí. Aunque no sintamos esa unión, la reparación se está haciendo.

—Así es, se está logrando.

Así es.

 2.Pero Judas, viendo la dureza de su corazón, casi desfallece y yo, comprendiendo tu sufrimiento, quiero sostenerte y, mientras te reparo por las ofensas que recibes de aquellos que no se quieren convertir, recorro junto contigo la tierra para darles tus lágrimas, tus besos y abrazos de amor, para unirlos a Ti, consolándote por la pérdida de Judas.

 

Bueno, en fin. Esto es el punto del girar y es, sobre todo, la confirmación de que el vivir en la Divina Voluntad es darle el bien a toda la familia humana.

 

La institución de la Eucaristía

3.Terminando de lavar sus pies, en la mesa tomas el pan y el vino en tus manos, lo ofreces al Padre, dándole las gracias y pidiéndole que concurra contigo para quedar en cada corazón y servida de ellos, dándoles luz, fuerza y ayuda.

En tus manos se encuentran todas las hostias que serán consagradas hasta el final de los siglos y, en cada una de ellas, desplegada tu Pasión.

Algo que vale la pena comentar: Jesús, siendo quien es, siempre recurre al Padre, siempre recurre a la ayuda del Padre, a la petición al Padre.

O sea, no importa que Él sea segunda Persona de la Trinidad, que lo tenga todo. Por lo tanto, eso nos debe enseñar que mucho de estas reparaciones que debemos hacer tenemos también que recurrir a este... a este artificio de pedirle al Padre que nos permita entrar en consonancia con su Hijo y poder llevar a cabo lo que Él hace.

“Y yo quiero encontrarme siempre en cada consagrada, ofreciéndote actos de reparación por cada ofensa.


4.Te beso la frente, sintiendo en mis labios los pinchazos de las espinas que las criaturas te ponen por sus pensamientos malos. Yo la abajo junto contigo para compartir tus penas, poniendo mis pensamientos en tu mente para quitar esas espinas y hacerte reparación por cada pensamiento malo.

 

5.Beso tus ojos, que esperan a aquellos que deben recibirte para intercambiar miradas de amor, pero inútilmente esperan. Por eso siento en mis labios tus lágrimas y te ofrezco mis miradas, teniéndolas siempre fijas en Ti.

 

6.Beso tus oídos, a los cuales llegan, en vez de agradecimientos, alabanzas, bendiciones, etcétera, llegan oraciones hechas desconfiadas, rutinarias, y yo, como reparación, quiero ofrecerte todas las armonías del cielo, uniendo mis oídos a los tuyos para darme cuenta de las ofensas que recibes y poner mi acto de reparación y consolarte.

 

7.Beso tu rostro ensangrentado, pues las criaturas, en vez de estar atentas a Ti con sus actos, en vez de darte honor, te dan golpes, y yo quiero poner mi rostro junto al tuyo, fundiéndose con Él, todo lo que a Él le está llegando”.

 

Y le está llegando tanto en la forma espiritual, también en la forma material.

Y entonces uno se pregunta y dice: “Bueno, ¿voy a sentir lo que Jesús sentía?”Como dice Luisa aquí, definitivamente esto es solamente que Jesús nos lo quisiera compartir. Podríamos llegar al punto de tenerlo en forma sensible.Pero todos nuestros dolores, todos nuestros problemas que hemos tenido, y me voy a referir a los problemas físicos ahorita, los podemos unir como el sufrimiento compartido con Él.Dolores que hayamos tenido, desde los más insignificantes, dolor de cabeza, un dolor de estómago, un dolor por algún malestar en general, o sea, todo esto lo podemos fundir en los dolores de Jesús y Él lo tomará como que realmente estamos compartiendo con Él sus dolores, sus sufrimientos.Lo mismo podría ser en cuanto a los sufrimientos morales y los sufrimientos espirituales.Los morales, bueno, el abandono de sus discípulos, la indiferencia de la parte religiosa de su tiempo, el abandono de su mamá, de su Madre Santísima, en fin, todo este tipo de padecimientos de Él también los podemos fundir con algo semejante que hayamos tenido en este mundo.Yo creo que todos hemos sentido en alguna ocasión el dolor de un abandono, el dolor de una traición. Y eso se une al sufrimiento de Jesús y eso nos da la oportunidad de empezar a percibir, de alguna manera, estos dolores de Él, y Él sentirá repetir nuevamente sus mismos dolores.

 

8.“Beso tu boca, pues quedas amargado al ser recibido, encontrando lenguas impuras, malas. Quiero encontrarme en la boca de cada una de las criaturas que te reciben, reparar cada ofensa.

 

9.Beso tu pecho. Es tal y tanto el fuego que Él contiene que, para dar un poco de desahogo a tus llamas, que se elevan tan alto, Tú, queriendo hacer un descanso en tu trabajo, quieres jugar en el Sacramento y tu juego es formar flechas, dardos, saetas, a fin de que, cuando vengan ante Ti, Tú te pongas a jugar con las criaturas, haciendo salir de tu pecho tus flechas para flecharlas, y cuando las reciben Tú haces fiesta y formas tu juego.

Pero muchas, oh Jesús, te las rechazan y, enviándote en correspondencia flechas de frialdad, dardos de tibieza y saetas de ingratitud, y Tú quedas tan afligido por eso que lloras, porque las criaturas te hacen fracasar en tu juego de amor.

Oh Jesús, he aquí mi pecho dispuesto a recibir no solo tus flechas destinadas para mí, sino también aquellas que te rechazan los demás, y así no quedarás más frustrado en tus juegos.

Y quiero también repararte por las frialdades, las tibiezas y las ingratitudes que recibes”.

¿Cuánto habrá sufrido Jesús ante este, no sé, rechazo, ante esta indiferencia del mundo a este Sacramento?

¿Cuánto habrá sentido el haberse quedado en la... para continuar su Pasión continuamente hasta el final de los siglos y que la gente no lo toma en cuenta?

Incluso las personas que se acercan a la Eucaristía, pues se acercan con amor, se acercan realmente con esa intención de, pues, recibirte, de alabarte, de bendecirte, pero no tenemos una idea de lo que está pasando en el momento de recibirlo.

No tenemos la idea de que es Jesús quien está sufriendo su Pasión en acto en nosotros, que nos está uniendo a su Pasión en nosotros.

Y la pregunta es: ¿qué sentirá? ¿Qué habrá sentido el haberse quedado en este acto tan, ¿cómo diríamos?, tan amoroso de poder entrar en cada uno de nosotros a través de esta consagración, a través de esta... y encontrar un corazón frío, no totalmente entregado a Él y que está distraído con cosas humanas.

¿Cuántas veces no hemos ido a recibir el Sacramento y nos entretenemos en pensar en otras cosas, en hablar, platicar con otras personas, incluso en cantar? O sea, ese canto, esa idea de que el que ora cantando ora dos veces, definitivamente en este momento de recibir la Eucaristía, no. Yo digo que no es válido.Es la divinidad que está dentro de cada uno de nosotros. No solo es Jesús, o sea, es el Verbo eterno que, por su naturaleza, también... y donde está el Verbo eterno está el Padre y está el Espíritu Santo.

Tenemos a la Trinidad en nosotros, tenemos a nuestra Madre Santísima en nosotros y, donde están ellos, está el cielo, toda la patria celestial está en nosotros.

Y, por si fuera poco, toda la creación, todas las obras de Él están en nosotros.

Por lo tanto, ¿qué tenemos? Todo.

¿Qué deberíamos de estar haciendo? Agradeciendo, alabando, bendiciendo, glorificando por cada cosa creada.

Deberíamos de estar total y absolutamente inmersos en ese amor divino para hacerlo nuestro y ofrecérselo a Él como una reparación por toda la falta de amor que tienen todas las criaturas.

Deberíamos de estar atentos a estas flechas de amor que nos quiere dar para atarnos a Él y liberarnos, liberarnos de estas cadenas de amor, entre comillas, humano; de un amor, entre comillas, humano.

O sea, amor al trabajo, amor a algún hobby, amor a algún vicio, amor a algún pecado.

O sea, todo lo que nosotros hacemos debemos recordar que lo hacemos por amor.

El ser humano no hace nada, nada, si no es por amor, entendiendo el amor como la entrega.

Por lo tanto, este amor, esta entrega que debiéramos tener hacia Jesús, la estamos utilizando para entregarnos a otras labores, a otras cosas, a otras personas, y a Él lo dejamos prácticamente solo.

 

Entonces, imaginémonos toda esta inmensidad que entra en nosotros, que está en nosotros, que busca un fundirse con nosotros, y nosotros nos ponemos a cantar.

O sea, esta meditación, en este estar con Él, no.

Simplemente terminó la Misa, nos damos la media vuelta y nos salimos, encontramos a personas conocidas, platicamos, hacemos y nos vamos a nuestras labores sin mayor pensamiento de lo que llevamos dentro.

Una Divinidad completa, sola, abandonada, donde no tenemos esa delicadeza de dedicarnos a Ella.

Bueno, esto es lo que nos está diciendo en estas palabras: o sea, queda afligido, queda frustrado en sus juegos de amor.

Y eso de “juegos”, bueno, es un decir, es una forma de darlo a entender. Yo más bien diría: en estos sufrimientos de amor que nos quieren conquistar por medio de entender todo lo que tuvo que sufrir por nosotros.

Seguimos.

Reparación por los sacrilegios y las indignidades

10.“Beso tu mano izquierda y quiero reparar por todos los tocamientos ilícitos y no santos hechos en tu presencia y te ruego que con esta mano me tengas siempre estrechado a tu corazón.


11.Beso tu mano derecha e intento reparar todos los sacrilegios, especialmente las misas malamente celebradas.

¡Cuántas veces, amor mío, Tú eres obligado a descender del cielo a las manos de los sacerdotes, encontrando esas manos llenas de fango, chorreando inmundicia, y Tú, aunque sientes náusea de esas manos, te ves obligado por tu amor a permanecer en ellas!

Es más, en algunos sacerdotes Tú encuentras en ellos a los sacerdotes de tu Pasión que, con enormes delitos y sacrilegios, renuevan el...”

Sí. Esto dice de las manos de los sacerdotes, de algunos sacerdotes. ¿Qué dirá de las manos de los laicos que lo reciben en las manos?

No quiero imaginar lo que esas manos han hecho unos instantes o unos días antes de recibirlo en la mano. No me agradaría conocer exactamente a qué se dedican esas manos, cuáles son sus diversiones, cuáles son esos tocamientos de los que habla.

 

Sí, no solo en su presencia, sino fuera de su presencia, pero que con esas mismas manos vamos a recibirlo en la mano, creyéndonos lo suficientemente dignos de poder recibirlo de esta manera, pensando que tanto la mano como la boca son impuros y que lo mismo da recibirlo en una u otra forma.

 

Definitivamente, creo que si esto nos está hablando de los sacerdotes, pienso que deberíamos de meditarlo perfectamente y ver si realmente nuestras manos, aun sin ser consagradas, serían dignas.

No, porque de nosotros no hay nada digno como para poder recibirlo a Él, pero son aptas para que Él pudiera sentir un amor, un beneplácito en ser tocado por estas manos.


Seguimos todavía.




 

 

Y mientras estés en mí, yo te rogaré por los sacerdotes para que sean dignos ministros tuyos y no pongan en peligro tu vida sacramental”.

—Cargado de todas las penas como estaba, debía forzar al Omnipotente que aceptara y que me hiciera continuar mi sacrificio por la salvación de todo el género humano, presente, pasado y futuro.

Y esto lo obtuve. El sacrificio dura aún. El esfuerzo es continuo, si bien esfuerzo todo de amor.

¿Y quieres saber dónde y cómo?

 En el Sacramento de la Eucaristía.

En Él, el sacrificio es continuo, perpetuo. 

Es la fuerza que hago al Padre para que use misericordia con las criaturas y con las almas,

 para obtener su amor,

 y me encuentro en continuo contraste de morir continuamente, si bien todas muertes de amor.

 

¿Qué te da esto? ¿Qué sentimos cuando oímos esto?


—Puro amor.

 

—Puro amor sufriente.

 

El sacrificio es continuo y así debe ser también nosotros: continuo el sacrificio para Él, su acompañamiento, sus reparaciones continuas...

 

—Así es.

 

—Y debería de ser continua también nuestra unión con Él. No dejarlo salir de nosotros.

 

O sea, la vida real de Jesús se queda en la criatura durante 10 o 15 minutos máximo, mientras se deshace la forma, mientras se deshace la especie, puede ser el pan o puede ser el vino.

Y una vez deshecha la especie, la Vida Real se va, porque no encuentra el lugar adecuado, no encuentra las condiciones adecuadas para poder quedarse.Nos deja la gracia, sí, pero su Vida Real no está.

Entonces, ¿qué es lo que Él quisiera encontrar?

 

Bueno, todo ese material adecuado para que Él pudiera desarrollar su vida en nosotros, y eso se llama Divina Voluntad.

Él quisiera encontrar su Voluntad en cada uno. Quisiera encontrar todos los... ¿Cómo diríamos? Todo lo necesario para desarrollar sus acciones, pero, sobre todo, quisiera encontrar ese amor que la criatura debiera tenerle para estar siempre en esa unión.

Y entonces Jesús, La Vida Real de Él, no se iría de nosotros, sino estaría continuamente, y este sacrificio continuo, perpetuo, se cambiaría en gozo y en alegría, porque se vería colmada la finalidad con la cual se quedó en la Eucaristía, que era llegar a nosotros y hacer vida en nosotros.

O sea, instaurando el Reino de Él, de su Divina Voluntad, en cada una de las criaturas.

Que esa es la finalidad de la Eucaristía.

La finalidad de la Eucaristía que hemos tomado, hasta donde hemos conocido, es que Jesús viene a nosotros como Maestro, como Redentor, como Médico, como Consejero, pero no como vida.

Y aunque lo decimos, pero no teníamos los modos, los medios para poder lograrlo.

Ahora, por medio de la Divina Voluntad, sabemos que Él no solo encontraría su vida, todo lo necesario para que desarrollara su vida, sino que nos daría la oportunidad de fundirnos con Él.

Dice:

12.“Beso tu pie izquierdo y quiero repararte por quienes te reciben por rutina y sin las debidas disposiciones.

13.Beso tu pie derecho y quiero repararte por aquellos que te reciben para ultrajar.

14.Beso tu corazón, con el cual se hacen todas las ofensas, y yo intento repararte de todo y por todos, darte una correspondencia de amor y siempre junto contigo compartir tus penas.

Enciérrame en tu corazón y, con las cadenas de tu amor, no solo aprisióname, sino ata uno por uno mis pensamientos, mis afectos, mis deseos. Átame las manos y los pies a tu corazón para que yo no tenga otras manos y otros pies que los tuyos.

Así que, amor mío, mi cárcel será tu corazón, las cadenas, el amor; las puertas que me impedirán salir serán tu Santísima Voluntad. Tus llamas serán mi alimento, tu respiro será el mío.

Así que no veré más que llamas, no tocaré sino fuego que me darán vida y muerte, como la que sufres Tú en la...

Y así te daré mi vida y, mientras yo quedaré aprisionada en Ti, Tú quedarás libre en mí.

En esta estás esperando los corazones de las criaturas para descender en ellos y salir de tu prisión, y con las cadenas que te ataban, de encadenar sus almas a tu amor.

Pero con sumo dolor ves que vienen ante Ti con un aire indiferente, sin premura por recibirte. Otras, de hecho, no te reciben, y otras, si te reciben, sus corazones están atados por otros amores y vicios.

Y Tú, Vida mía, estás obligado a salir de estos corazones encadenado como entraste, porque no te han dado la libertad de hacerte atar y han cambiado tus ansias en llanto.

Jesús mío, permíteme que enjugue tus lágrimas y te tranquilice el llanto con mi amor y, para repararte, te ofrezco las ansias y suspiros, los deseos ardientes que te han dado todos los santos que han existido y existirán, los de tu mamá y el mismo amor del Padre y del Espíritu Santo.

Y yo, haciendo mío este amor, quiero ponerme a las puertas del Tabernáculo para hacerte las reparaciones y gritar detrás a las almas que quisieran recibirte para hacerte llorar: ‘Te amo’.

Y tantas veces intento repetir estos actos de reparación por cuantos contentos das a todos los santos y por cuantos movimientos contiene la Santísima Trinidad”.

Comentario final de la cuarta hora

Bueno, es un resumen de esta cuarta hora.

Y ahora vamos a comentar un poquito lo que Él nos habla a través de las lecturas del Libro de Cielo, o sea, sobre esta hora de la Pasión.

Sí. En el volumen 20, la lectura 21, dice Jesús:

“En el Evangelio se lee con asombro cuando Yo, postrado a los pies de mis Apóstoles, les lavé los pies y no omití ni siquiera al pérfido Judas. Este acto, ciertamente muy humilde y de indecible ternura, del cual la Iglesia hace memoria. Pero fue solo una vez que hice este acto.

 

En cambio, mi Voluntad desciende más en lo bajo, se pone bajo los pies con un acto continuado para sostenerlos, para volver firme la tierra, a fin de que no se precipiten en el abismo. Sin embargo, ninguna atención”.

 

¿Lo habremos pensado alguna vez? ¿No habremos tenido en cuenta qué es lo que nos mantiene en este mundo, como dice aquí en la lectura?

 

O sea, ¿habremos pensado que la tierra nos sostiene, sirve de cimiento para todo lo que nosotros hacemos? ¿Y habremos pensado que es la Divina Voluntad quien lo está promoviendo, quien lo está haciendo?

 

No. Y, sin embargo, es un acto continuado en donde se presenta siempre la acción de Ella para mantenernos.

 

Y no solo esto. O sea, en todo lo creado está la Divina Voluntad para traernos todos los beneficios, todos los dones y todos los oficios que Dios le encargó para nosotros, porque todo fue creado para nosotros.

 

Entonces, la pregunta que Jesús se hace aquí es: ¿realmente habrá sido el acto supremo de humillación, de esta humildad, el lavar los pies, el lavarle los pies incluso a Judas?

 

¿No será más bien el acto mayor de humillación el servir a criaturas que incluso son contrarias, que incluso son asesinas de Él, que lo estamos sacrificando, que lo estamos matando en nuestro interior y, en Él, hace 2000 años?

 

Y, sin embargo, se pone sobre el suelo para que nosotros lo pisemos y Él nos sostiene. Se pone en el agua, en el alimento, en el aire para sostener nuestra vida, incluso la vida de pecado.

 

O sea, se somete igual que nos comentaban en la Pasión, que Él abaja la cabeza para recibir las espinas, pone la otra mejilla para recibir otra bofetada, que nunca reclama absolutamente por nada.

 

O sea, todo esto que hace lo está haciendo continuamente para nosotros y nosotros somos los que lo golpeamos, los que lo abofeteamos, los que lo jalamos, lo amarramos, lo encadenamos, lo flagelamos.

 

Y, sin embargo, siempre, siempre en sus labios:

 

“Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”.

 

Y nos preguntamos: ¿en verdad en la actualidad no sabremos lo que hacemos?

 

Pues cada día vamos sabiendo más, cada día vamos sabiendo más.

 

O sea, en realidad, comparados con los de hace 2000 años, ellos tenían muchas dudas, tenían muchas incertidumbres, muchas costumbres que los ataban a una tradición, en fin, y tenían a un cuerpo sacerdotal que los desviaba totalmente de Jesús.

 

Tenían... los romanos eran paganos prácticamente, no tenían ninguna noticia del Dios verdadero.

 

Y, sin embargo, o sea, ahí ellos eran menos culpables que nosotros.

 

Nosotros sí sabemos quién es Jesús. Nosotros sí sabemos lo que sufrió. No sabemos por qué lo está sufriendo.

 

Y entonces la pregunta es: ¿por qué seguimos igual? ¿Por qué seguimos sacrificándolo? ¿Por qué seguimos humillándolo, todo para menospreciar todo lo que Él es y lo que Él hace?

 

Ojalá tuviéramos un poco de agradecimiento, que tuviéramos un poco de dignidad para decirle, cuando menos:

 

“Gracias. Gracias te sean dadas por todo lo que has hecho”.

 

Sí. Vamos a seguir.

 

Cómo recibir a Jesús en la Eucaristía

En la lectura 11-111 dice:

 

“Después de haber recibido la Santa Comunión, pensaba para mí cómo debía ofrecerla para complacer a Jesús y Él, siempre benigno, me dijo:

 

‘Hija mía, si quieres agradarme, ofrécela como la ofreció mi misma Humanidad.

 

Yo, antes de darme en comunión a los demás, me comulgué a Mí mismo y quise hacer esto para dar al Padre la gloria completa de todas las comuniones de las criaturas, para encerrar en Mí todas las reparaciones de todos los sacrilegios, de las ofensas que habría de recibir en el Sacramento.

 

Mi Humanidad, encerrando la Voluntad Divina, encerraba todas las reparaciones de todos los tiempos y, recibiéndose a Mí mismo, me recibía dignamente.

 

Y como todas las obras de las criaturas fueron divinizadas por mi Humanidad, así también quise sellar con mi comunión las comuniones de las criaturas. De otra manera, ¿cómo podía la criatura recibir a un Dios?

 

Fue mi Humanidad la que abrió esta puerta a las criaturas y les mereció recibirme a Mí mismo.

 

Ahora tú, hija mía, recíbeme en mi Voluntad, únete a mi Humanidad y así encerrarás todo, y Yo encontraré en ti las reparaciones de todos, la retribución de todo y mi complacencia; más bien, encontraré otra vez a Mí mismo en ti’”.

 

Bueno, es una petición, diría yo, de cómo lo debemos recibir. O sea, debemos recibirlo unidos a su Humanidad, a su Voluntad y a su Divinidad.

 

O sea, a su Humanidad, ¿por qué a su Humanidad?

 

Bueno, todo lo que la Humanidad de Jesús hacía, ¿cuál era...? ¿Qué era, perdón? Es ponerse a disposición de la Divina Voluntad para que fuera Ella la que pusiera todo lo divino en sus actos de Él y así volver actos divinos y poder desarrollar una vida divina, pero a partir de Él.

 

No solo por tener al Verbo eterno unido, sino ahora su propia Humanidad unida a esta Divina Voluntad, poder elevarse a la altura del Verbo eterno, que es el que era su propia naturaleza.

 

Y eso nos lo confirma en una lectura donde dice el Verbo eterno, está hablando, y dice:

 

“Yo, cuando tomé una Humanidad, no me abajé, sino elevé a la Humanidad a mi mismo nivel”.

 

Pero eso era voluntario de Jesús, no era forzado, sino era voluntario.

 

Así que necesitamos entender esta parte para poder llegar a aquilatar un poco lo que quiere decir recibir a Jesús.

 

Sí, recibirlo en el Sacramento.

 

Entonces eso es en su Humanidad, en su Voluntad, haciendo lo mismo que hacía la Voluntad Divina en la Humanidad de Jesús.

 

Con los actos de Jesús me uno a la Divina Voluntad para que Ella sea la que lleve, la que divinice mis actos y los ponga siempre en honor, en gloria, en alabanza y en amor para Jesús.

 

Y luego, unido a la Divinidad, la Divinidad recibe estos actos de Jesús, recibe todo lo que Él quería recibir de parte de la criatura y corresponde con gracias para toda la familia humana.

 

Por lo tanto, Jesús se une a la Divina Voluntad, actúa la Divina Voluntad en sus actos, se le da al Padre la gloria, el amor y el Padre corresponde con dones, con gracias, con atributos, con conocimiento, con luz, con fuerza para toda la familia humana.

 

Son esas dos corrientes entre la Divinidad y la criatura viviendo en la Divina Voluntad.

 

Es la corriente de la criatura hacia Dios y Dios correspondiendo hacia las criaturas.

 

Pero no es hacia la criatura, sino ahora es hacia las criaturas, pero todo debido a los actos de la criatura.

 

Sí.

 

A ver, vamos al volumen 12, lectura 24.

 

Dice Luisa:

 

“Esta mañana, después de haber recibido al bendito Jesús, estaba diciéndole:

 

‘Vida mía, Jesús, dime cuál fue el primer acto que hiciste cuando te recibiste a Ti mismo sacramentalmente’.

 

Y Jesús:

 

‘Hija mía, el primer acto que hice fue el de multiplicar mi vida en tantas vidas mías por cuantas criaturas puedan existir en el mundo, a fin de que cada una tuviera una vida mía únicamente para ella, que continuamente reza, agradece, da satisfacción, ama por ella sola.

 

Como también multiplicaba mis penas por cada alma, como si por ella sola sufriera y no por otros.

 

En aquel momento supremo de recibirme a Mí mismo, Yo me daba a todos y a sufrir en cada uno de los corazones mi Pasión, para poder sojuzgar los corazones por vía de penas y de amor, y dándoles todo lo mío divino, venía a tomar el dominio de todos.

 

Pero ¡ay de Mí!, mi amor quedó desilusionado por muchos y espero con ansia los corazones amantes que, recibiéndome, se unan conmigo para multiplicarse en todos, deseando y queriendo lo que quiero Yo, para tomar al menos de ellos lo que no me dan los otros y para recibir el contento de tenerlos conforme a mi deseo y a mi voluntad.

 

Por eso, hija mía, cuando me recibas, haz lo que hice Yo y Yo tendré el contento de que al menos seamos dos que queremos la misma cosa’”.

 

Entonces, ¿qué espera Jesús que hagamos?

 

—Lo mismo que Él.

 

—Ajá. Que cuando lo recibamos, o sea, nos multipliquemos, una vida nuestra por cada vida de Él sacramental, que nos pongamos en todos.

 

—Sí, deseando y haciendo lo mismo que Él hacía.

 

O sea, esta parte no es posible llevarla a cabo más que por los dos medios que comentábamos hace unos momentos: por medio de una intención humana, que quedaría en un deseo, que en deseo Jesús lo acepta como bueno, lo agradece, pero no se convierte en acto.

 

O lo podemos llevar a cabo a través de la Divina Voluntad y entonces se convierte en un acto y nos encontraremos multiplicados tantas veces como vidas sacramentales Jesús sacó de Sí en el momento de la consagración.

 

Así que, si hacemos esto, Él nos encontrará en cada una y podrá tomar de nosotros todo lo que Él quiere recibir.

 

Y lo que Él quiere recibir es todo el cúmulo de actos de su vida, toda su vida entera, como acto de reparación unido en un solo acto para Él.

 

Este es el deseo de nuestro Jesús.

 

Entonces hagamos lo que Él hizo.

 

—Sencillo.

 

—Sí, con Él.

 

Multiplicación de la vida de Jesús

Vamos a la última.

 

Dice la lectura 14-16:

 

“Hija mía, conforme el alma hace sus actos en mi querer, así multiplica mi vida, de manera que si hace 10 actos en mi Voluntad, 10 veces me multiplica; si hace 20, 100; 1000 o aún más, tantas veces de más quedo multiplicado.

 

Sucede como en la consagración sacramental: cuántas hostias ponen, tantas veces quedo multiplicado.

 

La diferencia que hay es que en la consagración sacramental tengo necesidad de las hostias para multiplicarme, pues no puedo quedar sin ellas antes de consagrarme.

 

Mi Voluntad me consagra y me encierra en el acto de la criatura y Yo quedo multiplicado en cada acto suyo hecho en mi Voluntad.

 

Por eso mi amor tiene su desahogo completo con las almas que hacen mi Voluntad y viven en mi querer.

 

Son siempre ellas las que suplen no solo a todos los actos que me deben las criaturas, sino a mi misma vida sacramental.

 

¡Cuántas veces queda obstaculizada mi vida sacramental en las pocas hostias en las que Yo quedo consagrado, porque son pocos los que comulgan! Otras veces faltan sacerdotes que me consagren y mi vida sacramental no solo no queda multiplicada cuanto quisiera, sino que queda sin existencia. ¡Oh, cómo sufre por ello mi amor!

 

Quisiera multiplicar mi vida todos los días en tantas hostias por cuantas criaturas existen, para darme a ellas, pero en vano espero. Mi Voluntad queda sin efecto.

 

Pero lo que he decidido, todo tendrá cumplimiento. Por eso tomo otro camino y me multiplico en cada acto de la criatura hecho en mi querer, para hacerme suplir a la multiplicación de las vidas sacramentales.

 

Así solo las almas que vivan en mi querer suplirán a todas las comuniones que no reciben las criaturas, a todas las consagraciones que no son hechas por los sacerdotes. En ellas encontraré todo, aun la misma multiplicación de mi vida sacramental.

 

Por eso te repito que tu misión es grande. Una misión más alta, más noble, sublime y divina no podría escogerte.

 

No hay cosa que no concentraré en ti. Aun la multiplicación de mi vida haré nuevos prodigios de gracia, jamás hechos hasta ahora.

 

Por eso te pido: sé atenta, sé fiel. Haz que mi Voluntad tenga vida siempre en ti y Yo, en mi mismo querer, en ti encontraré toda completada la obra de la creación, con mis plenos derechos y todo lo que quiero”.

 

Lo sacramental tiene necesidad tanto de la forma del sacerdote que la consagre y de la persona que lo reciba.

 

En la Divina Voluntad es la misma Divina Voluntad quien consagra cada acto de la criatura. Por lo tanto, se quitan todas esas necesidades y puede estarse consagrando continuamente.

 

Por eso es que tantas vidas sacramentales que Él sacó de Sí en el momento de la consagración, allá, hace 2000 años, esas vidas que han quedado prácticamente sin poderse dar, ahora el alma que vive en la Divina Voluntad se vuelve depositaria de esas vidas y la suplidora de esas consagraciones.

 

Porque ahora cada acto de la criatura servirá como una... como una forma donde se consagre esa vida.

 

Podríamos seguir hablando eternamente de esto, pero creo que con esto nos queda más o menos semblante lo que es esta cuarta hora de la Pasión.

MEDITACIÓN DE LAS HORAS DE LA PASIÓN PRIMERA, SEGUNDA Y TERCERA HORA TERCER FIAT


Bueno, pues ahora va a haber un pequeño cambio. No vamos a seguir con las verdades que hemos estado viendo. Por las fechas en que nos encontramos, vamos a tratar de llevar a cabo un recorrido por toda la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Vamos a ir analizando, en forma muy breve, cada una de las horas y haciendo algún que otro comentario, sobre todo referido a lo que en realidad fue la intención de Jesús al llevar a cabo este dictado. Así que vamos a tratar de que quede, en poco tiempo y en pocas palabras, una idea más clara, más concreta, de lo que es la Pasión de Jesucristo.

Lo primero: siempre hemos tenido esta idea de que el Verbo eterno se encarna para venir a salvarnos; o sea, que es la parte como primordial para nosotros, o sea, que viene a redimirnos, y ponemos a la Encarnación del Verbo como causa de —no como causa, sino como efecto de— la original. Esto, aunque es real, pero no lo es todo.

Y no lo es todo por lo siguiente. Vamos a basarnos en los escritos de Luisa para ir analizando más o menos esto.

En el Libro 25, lectura 34, dice Jesús:

“¿Quién puede decirte, hija mía, cuánto mal puede hacer una criatura cuando llega a sustraerse de la voluntad de su Creador? Mira, bastó un acto de sustracción del primer hombre a nuestra voluntad divina para cambiar la suerte de las generaciones humanas, y no solo eso, sino que cambió la misma suerte de nuestra Divina Voluntad. 

Si Adán no hubiese pecado, el Verbo eterno, que es la misma voluntad del Padre Celestial, debía venir a la Tierra glorioso, triunfante y dominador”.

¿Qué nos está diciendo? Bueno, simplemente que 

el plan, la idea de Jesús, la idea de Dios en la creación y en la creación del hombre era el venir a reinar, el venir a estar en este mundo reinando, y su reino era en cada criatura.

Por lo tanto, en el momento que Adán desobedece, 

sale de esta Divina Voluntad,

sale de esta semejanza que tiene con Dios,

 salen todas las posibilidades de poder llegar a llevar a cabo el Reino de Cristo en la Tierra.

Así que el más perjudicado fue Dios. 

El hombre perdió, sí, perdió, pero Dios fue prácticamente el expulsado del paraíso terrenal, porque el paraíso terrenal, en este sentido, era el hombre, que es donde Dios tenía que habitar. 

Era un paraíso doble:

  • paraíso de Dios, porque ahí encontraría el lugar perfecto para edificar este reino, y
  • paraíso del hombre, por estar en total unión con Dios.

Entonces, Adán desobedece, Dios se sale y el hombre pierde la posibilidad de estar en relación con Dios.

Ahora, el Verbo eterno, que ya estaba en la idea de estar encarnado, porque la idea de la Encarnación era precisamente esta: tener una criatura que fuera capaz de poder recibir a todo Dios, que lo amara y capaz de poder amar a Dios con el... pero con un amor igual, con un amor divino.

Y esto nos lo comprueba San Pablo cuando dice, hablando de Jesús, que es el primogénito de toda la creación: primero, antes que el mundo, antes que los elementos, antes que todo, primero es Él. O sea, esta creación de la humanidad de Jesús en la mente de Dios.

Así que, bueno, teniendo esto en cuenta, podremos empezar a entender un poco el porqué tantísimo sufrimiento de Jesús.

Yo no sé si se hayan preguntado alguna vez por qué era necesario tanto sufrir; o sea, cuál es la razón de tanto tiempo y, sobre todo, de tantos años de vida del Verbo eterno encarnado en la tierra: de 30 años de vida oculta, de 3 años de vida pública y de menos de un día en su Pasión.

¿Te lo han preguntado alguna vez?

—Pues por todos los actos de voluntad humana de toda la humanidad.

Bueno, ahora con esta revelación...

Ah, bueno, pero antes de esto, antes de eso, además pensábamos que el Padre era muy cruel, porque para la Redención se tuvo que pasar Jesús por momentos muy fuertes, muy agudos, de mucho sufrimiento. Entonces, bueno, el Padre entregó a su Hijo para estos sufrimientos solo para esto.

—Bueno, yo diría: solo para salvar al hombre.

—Ah, para salvar al hombre.

—Ajá. Y al hombre tan chiquito, a comparación de... Todo ser inteligente tiene una finalidad, y esa finalidad generalmente es para él mismo. Dios, ser inteligente, todo lo que hace lo debe tener una finalidad, y esa finalidad es para uno mismo, para Él mismo, no para el hombre.

¿Dónde quedaría el decoro de Dios poniendo todas sus obras a servicio de una criatura, como dice Alejandro, muy inferior al ser de Él? Como si alguno de nosotros diera la vida por un hormiguero. Y todavía hay una distancia muchísimo más pequeña, en realidad.

—Así es. Y nosotros llamamos, hasta cierto punto, desquiciados a aquellos que dedican su vida, que se entregan totalmente a una labor, por ejemplo, de conocer no a una hormiga, sino a un orangután, a un gorila, a un león, y ahí pasan toda su vida en eso. O sea, realmente es algo que no es muy entendible. Pero, en fin.

Así que vamos a empezar a ver estas horas, a ver qué vamos descubriendo a través de ellas.

—Sí. Uno de los problemas principales que tenemos en la actualidad, y bueno, siempre ha existido, pero en la actualidad es mucho más notorio, es esta parte del alejamiento que tenemos de Dios, ese ya no pensar en Él, no tomarlo en cuenta.

—¿Y la causa? ¿Cuál es la causa?

—Bueno, vamos a ver qué nos dice Jesús.

Sí. El 2 de febrero de 1917, Jesús le dice a Luisa:

  • “Una de las causas del alejamiento que existe en la actualidad entre el hombre y Dios es el haber perdido de vista mi Pasión. Por lo cual el mundo se ha desequilibrado.
  •  En las tinieblas no ha encontrado la luz de la Pasión que lo ilumine y, haciéndole conocer mi amor y cuántas penas me cuestan las almas, pueda reaccionar y amar a quien verdaderamente lo ha amado.
  • La luz de mi Pasión, guiándolo, lo pondría en guardia de todos los peligros.

  •  En la debilidad no ha encontrado la fuerza de esta Pasión que lo sostenga.

  •  En la impaciencia no ha encontrado el espejo de mi paciencia que le infunda la calma, resignación y, ante esta, avergonzándose, tenga como un deber dominarse a sí mismo.

  • En las penas no ha encontrado el consuelo de las penas de un Dios que, sosteniendo las suyas, le infunda amor al sufrir. 

  • En el pecado no ha encontrado la verdadera santidad que, haciéndole frente, le infunda odio a la culpa.

  • Por esto el mundo ha perdido el equilibrio.Ha hecho como un niño que no ha querido conocer más a su madre, como un discípulo que, desconociendo al maestro, no ha querido escuchar más sus enseñanzas, ni aprender sus lecciones. ¿Qué será de este niño y de este discípulo?”

Entonces, ¿qué nos dijo? Bueno, la Pasión, 

  • su Pasión, es luz, es fuerza, es paciencia, es consuelo, es santidad. 

Y eso es todo. Esto le serviría al hombre para poder dominarse a sí mismo; o sea, y ese dominarse a sí mismo hubiera sido la llave maestra para no dejar que todas las pasiones, los vicios, se apoderaran de él. Y eso es lo que nos ha llevado poco a poco al alejamiento y al desconocimiento de Dios.

Incluso en la actualidad, o sea, en muchas ocasiones se piensa que Dios es opresivo, que Dios nos quiere tener como sojuzgados a Él y no nos quiere dar la libertad de poder ser nosotros mismos, cuando en realidad es totalmente al contrario.

Estas son ideas que el enemigo ha introducido en nosotros y hemos querido estar siempre en este campo de no libertad, sino de libertinaje, que le hemos querido dar total y absoluta libertad, no libertad, satisfacción a la parte humana, a la naturaleza humana de nosotros, y hemos abandonado todo el fortalecimiento de la naturaleza espiritual que tenemos.

Así que, bueno, esta es la razón de este alejamiento.

Ahora Jesús, desde comienzos de su vida de intimidad con Luisa, le pide que la meditación de su Pasión se debe convertir en una actividad cotidiana que nunca se aparte de su mente: los sufrimientos que Él tuvo que sufrir para rescatar a la familia humana. Y se lo pide por lo anterior, o sea, por lo que hemos visto ahorita.

Le dice también que a su Madre Santísima nunca se le apartó el pensamiento de su Pasión; o sea, que siempre lo tuvo presente, o sea, para estarlo consolando, para estarlo amando y todo a nombre de toda la familia humana.

Nos está pidiendo a nosotros lo mismo: realmente que siempre tengamos en nuestra mente la idea de esta Pasión y poderlo consolar, poderlo aliviar, para poder seguir adelante Él en sus sufrimientos, pero ahora acompañado por la criatura, para hacer más fuerza a toda la familia humana, para convertirla.

Vamos a leer algunas.

La 2,69 dice:

“Ten siempre ante tu mente la luz de mi Pasión, porque al ver mis acerbísimas penas las tuyas te parecerán pequeñas y, al considerar la causa por la que sufrí tantos dolores inmensos, que fue el pecado, los más pequeños defectos te parecerán graves. En cambio, si no te miras en Mí, las más pequeñas penas te parecerán pesadas y los defectos graves los tomarás como cosa de nada”.

Interesante lo que dice, ¿no? O sea, comparado con Él, o sea, comparado con sus penas, nuestras penas, que siempre nos afligen, nos ponen en terribles situaciones, pues son prácticamente cosa de nada.

Entonces, ante Él, ante sus penas, las nuestras no tendrían ninguna significación y deberíamos estar siempre atentos a Él.

Y entonces, estando en ese sentido, las más pequeñas culpas, los más pequeños defectos, nos parecerían enormes por el saber el daño que le estamos causando a Jesús, no por el hecho en sí mismo.

En nosotros, por ejemplo, decimos una mentira, una “mentirita blanca”, sí, podemos decir lo que queramos, así. Eso no lo tomamos realmente en cuenta. Sin embargo, es una negación de lo que Jesús nos pide, es una negación de lo que Jesús quiere hacer con nosotros y es un impedimento de más que se le pone al desarrollo de su vida y de su reino en nosotros.

Así que no nos acostumbremos a pensar que todo esto es cosa de nada.

—Seguimos, por favor.

—Ya ahí terminó la lectura.

—Sí, por eso seguimos.

La finalidad de estas Horas de la Pasión no es tanto el narrar la historia de la Pasión, porque ya hay muchos libros que tratan este piadoso argumento y no habría sido necesario hacer otro.

La finalidad es la reparación, uniendo los diversos puntos de la Pasión de Nuestro Señor con la diversidad de tantas ofensas y, junto a Jesús, hacer una digna reparación, rehaciendo casi todo lo que todas las criaturas le debemos.

Y por esto, los diversos modos de reparar en estas Horas: en algunos puntos se bendice, en otros 

se compadece,

 en otros se alaba, 

en otros se consuela 

al penante Jesús, en otros 

se compensa, en otros 

se suplica,

se ruega y 

se pide.

O sea, no,

 la intención no es una narración de la Pasión, sino es una forma de reparar todo lo que Jesús hizo a través de todos estos sufrimientos,

sobre todo saber el porqué cada sufrimiento de Jesús tiene una causa específica 

que debemos entender para tratar de remediarlo en el futuro de nosotros.

Así que vamos a poner atención en todo lo que hace para ir sabiendo el porqué y poder rehacerlo, sí, poder rehacer nuestros actos, poder corregirlos y así llegar a un entendimiento perfecto con Él.

—Sí. Y por eso dice que en algunos puntos se bendice, en otros se compadece, se alaba, se consuela. O sea, son diferentes cosas que tenemos que hacer.

Ahora, aunque Luisa no intenta llevar a cabo una narración específica de cada sufrimiento, pero de todas maneras entra en detalle en algunos de ellos y, en ocasiones, nos parece como exagerado lo que está diciendo, sobre todo, por ejemplo, en la flagelación, en la corona de espinas, en que son miles y millones quizá de azotes, no solo con un látigo, con cuerdas, con cadenas, con... O sea.

Pero esto nos da una idea. Por favor, esto que se entienda: una idea de que lo que está describiendo es en el interior de Jesús. Se trata de la Pasión interna de Jesús que, como ustedes sabrán, 

Jesús tuvo tres pasiones: 

la Pasión del Amor, 

la Pasión del Pecado y 

la Pasión de los judíos.

En las dos primeras, Pasión del Amor y Pasión del Pecado, fueron interiores y su finalidad era rehacer al hombre; o sea, darle de lado... ¿Cómo decirlo? Poner todo lo que el hombre había hecho en función de darle la gloria y el amor a la divinidad, lo que el hombre había defraudado, para permitir que el Padre pudiera dar todo lo necesario para que el hombre quedara rehecho.

Y eso tuvo que ser en su interior y aplicado por la misma divinidad.

En segunda, en la tercera Pasión, que es la de los judíos, la intención era rehacer las fuerzas del hombre; o sea, era darle al hombre todo lo necesario para que pudiera dominarse, que es lo que escuchamos hace unos momentos.

Así que, bueno, con esto tenemos ya una idea del porqué en algunas ocasiones el relato de Luisa parece exagerado.

Ahora vamos a seguir con la 11,52, que es la importancia de conocer a fondo su Pasión.

Dice:

“Hija mía, quien piensa siempre en mi Pasión forma en su corazón una fuente y, por cuanto más piensa en ella, tanto más esta fuente se agranda, y como las aguas que brotan son aguas comunes a todos, así esta fuente de mi Pasión que se forma en el corazón sirve para bien del alma, para gloria mía y para bien de las criaturas”.

Continuamos con el volumen 12, lectura 10.

Dice Luisa:

“Encontrándome en mi habitual estado, estaba fundiéndome toda en mi dulce Jesús y luego me volcaba toda en las criaturas para darles a todas ellas a Jesús”.

Y mi amable Jesús me ha dicho:

“Hija mía, cada vez que la criatura se funde en Mí da a todas las criaturas el influjo de vida divina y, según tienen necesidad, obtienen su efecto: quien es débil siente la fuerza, quien es obstinada en la culpa recibe la luz, quien sufre recibe el consuelo y así de todo lo demás”.

Después me he encontrado fuera de mí misma y me encontraba en medio de muchas almas que me hablaban. Parecía que fueran almas purgantes y santos y nombraban a una persona conocida mía, muerta no hacía mucho, y me decían:

“Él se siente feliz al ver que no hay alma que entre en el purgatorio que no lleve el sello de las Horas de la Pasión y, cortejadas, ayudadas por estas Horas, toma sitio en lugar seguro, y no hay alma que vuele al paraíso que no sea acompañada por estas Horas de la Pasión. 

Estas Horas hacen llover del cielo continuo rocío sobre la Tierra, en el purgatorio y hasta en el cielo”.

Al oír esto decía entre mí:

“Tal vez mi amado Jesús, para mantener la palabra dada, que por cada palabra de las Horas de la Pasión daría un alma, no hay alma que se salve que no se sirva de estas Horas”.

Bueno, esta es la forma en que le explica el cómo es esto de que por cada palabra se le dará un alma. Todas las almas que llegan al cielo llevarán la marca de estas pasiones, de estas horas de la Pasión.

En fin, después pasamos a la lectura del volumen 28, lectura 4.

Dice Jesús:

“Hija mía, cuando un alma recuerda lo que Yo hice y sufrí en el curso de mi vida acá abajo, me siento renovar mi amor, por lo cual se inflama y desborda y el mar de mi amor forma olas altísimas para verterse en modo duplicado sobre las criaturas”.

Este es... Para poder llevar a cabo estas Horas necesitamos estar totalmente fundidos con Él, y Él, al recibirla, extenderá su amor en toda la familia humana. Sea otro beneficio más para todos, todos los habitantes del mundo.

Seguimos.

Las tres primeras horas de la Pasión corresponden a la llegada de Jesús ante su Madre Santísima para despedirse, a la separación de ella y a la Cena legal.

Primera hora

“Oh Jesús, en esta hora tan desgarradora para tu ternísimo corazón, ¿qué lección nos das de filial y amorosa obediencia hacia tu mamá? ¡Qué dulce armonía hay entre Tú y María! ¡Qué suave encanto de amor que sube hasta el trono del Eterno y se extiende para salvación de todas las criaturas de la Tierra!

Oh, celestial Mamá mía, ¿sabes qué quiere de ti el adorable Jesús? No quiere otra cosa que tu última bendición.

Es verdad que de todas las partes de tu ser no salen sino bendiciones y alabanzas a tu Creador, pero Jesús, al despedirse de ti, quiere oír las dulces palabras: ‘Te bendigo, oh Hijo’.

Yo me uno a ti, oh dulce Mamá. Sobre las alas del viento quiero girar por el cielo para pedir al Padre, al Espíritu Santo y a todos los Ángeles un ‘Te bendigo’ para Jesús, a fin de que, yendo a Él, le pueda llevar sus bendiciones.

Y aquí en la Tierra quiero ir a todas las criaturas y pedir de cada labio, de cada latido, de cada paso, de cada respiro, de cada mirada, de cada pensamiento, bendiciones y alabanzas a Jesús. Y si ninguno me las quiere dar, yo quiero darlas por ellos.

Oh, dulce Mamá, después de haber girado y vuelto a girar para pedir a la Trinidad Sacrosanta, a los Ángeles, a todas las criaturas, a la luz del sol, al perfume de las flores, a las olas del mar, a cada soplo de viento, a cada llama de fuego, a cada hoja que se mueve, al centellar de las estrellas, a cada movimiento de la naturaleza, un ‘Te bendigo’, vengo a ti y uno mis bendiciones a las tuyas”.

O sea, que esta es la función del alma que hace estas Horas, fundida en la Divina Voluntad: o sea, de toda la creación, de todas las criaturas, incluso de la divinidad, un “Te bendigo” para ponerlo unido con el de nuestra Madre, para dársela a Jesús como una reparación por todo lo que Él va a sufrir y como un refuerzo, como una ayuda para afrontar todo esto que tiene que emprender en este día.

Así que tratemos siempre de estar en esta actitud de bendecir a Jesús. La creación, en cada cosa creada, nosotros tenemos que poner un “Te bendigo” por cada cosa creada, porque las cosas creadas no tienen razón.

Por cada criatura, o sea, tenemos que poner nuestro “Te bendigo”, porque la mayor parte de las personas no tiene esta actitud de bendecir a Jesús y mucho menos de unirse con nuestra Madre, en hace 2000 años, para darle esta bendición a Jesús, y por todos los santos, por todos los santos que existen, para poner su bendición junto con la nuestra, con todos los Ángeles, y todo esto unirlo en un “Te bendigo” del Padre y del Espíritu Santo, para fortificar y hacer un solo acto de bendición unido a la bendición de nuestra Madre para Jesús.

Esta es nuestra labor en esta hora.

La 14-40:

“Estaba pensando y acompañando a Jesús en la hora de la Pasión, cuando fue ante la Divina Mamá para pedirle su santa bendición, y mi dulce Jesús en mi interior me ha dicho:

‘Hija mía, antes de mi Pasión quise bendecir a mi mamá y ser bendecido por ella, pero no fue únicamente a mi mamá a quien bendije, sino a todas las criaturas, no solo animadas, sino también inanimadas. Vi a las criaturas débiles, cubiertas de llagas, pobres. Mi corazón tuvo un latido de dolor y de tierna compasión y dije: “Pobre humanidad, cómo estás decaída. Quiero bendecirte a fin de que resurja de tu decaimiento. Mi bendición imprima en ti el triple sello de la potencia, de la sabiduría y del amor de las tres divinas personas y te restituya la fuerza, te sane y te enriquezca. Y para circundar de defensas, bendigo todas las cosas creadas por Mí, a fin de que las recibas bendecidas por Mí. Te bendigo la luz, el aire, el agua, el fuego, el alimento, a fin de que quedes como abismada y cubierta con mis bendiciones”.’

Pero como tú no las merecías, por eso quise bendecir a mi mamá, sirviéndome de ella como canal para hacer llegar a ti mis bendiciones”.

Entonces, con esta bendición que Jesús le da a María, nos está bendiciendo a todos nosotros y nos está bendiciendo todo lo creado, para que todo lo creado nos traiga esa bendición y cumpla prácticamente la finalidad por la cual fueron creados y todos los oficios y las finalidades de ellas hacia nosotros.

Sí. Entonces, bueno, esto que quede muy claro: en la bendición de María nos bendice a todos nosotros.

Ahora, ¿cuánto le habrá costado a Jesús el separarse de su Madre Santísima? ¿Qué sería para ella? O sea, ¿y qué sería para Él? Pero esto no tenemos idea de qué significaba María para Jesús.

Así que vamos a leer qué es lo que significa para Jesús.

Esto sí, volumen 11, lectura 53.

Dice Jesús:

“Hija mía, tú no puedes comprender bien lo que fue mi querida mamá para Mí. Yo, viniendo a la Tierra, no podía estar sin cielo y mi cielo fue mi mamá. Entre Yo y ella pasaba tal electricidad que ni siquiera un pensamiento hubo en ella que no lo tomara de mi mente, y este tomar de Mí la palabra, la voluntad, el deseo, la acción, el paso, en suma, todo, formaba en este cielo el sol, las estrellas, la luna y todos los gozos posibles que puede darme la criatura y que puede ella misma gozar.

¡Oh, cómo me deleitaba en este cielo! ¡Cómo me sentía consolado y rehecho de todo! También los besos que me daba mi mamá encerraban el beso de toda la humanidad y me restituían el beso de todas las criaturas.

En todo me sentía a mi dulce mamá. Me la sentía en el respiro y, si era afanoso, me lo aliviaba. Me la sentía en el corazón y, si estaba amargado, me lo endulzaba. En el paso y, si estaba cansado, me daba aliento y reposo.

¿Y quién puede decirte cómo me la sentía en la Pasión? En cada flagelo, en cada espina, en cada llaga, en cada gota de mi sangre, en todo me la sentía y me hacía el oficio de mi verdadera madre.

Ah, si las almas me correspondieran, si todo tomaran de Mí, ¡cuántos cielos y cuántas madres tendría sobre la Tierra!”

Bueno, es una forma de decirnos lo que Él sentiría si, en algún momento dado, todos viviéramos en la Divina Voluntad. Y cuando menos ya tenemos una leve idea de lo que María significaba para Jesús.

O sea, el Verbo eterno encarnado, viviendo en el cielo, estaba rodeado totalmente por la divinidad. Ahora, al venir a la Tierra, no podía estar sin este conjunto de atributos, de dones, y todo lo encontraba en nuestra Madre Santísima, que lo tenía gracias a la Divina Voluntad obrante en ella.

Así que, bueno, ahora Jesús, ¿por qué va a pedirle a María su bendición? Bueno, porque Él quería bendecir a María y nos quería bendecir a todos a través de ella.

Pero ¿qué cosa significa la bendición? O sea, ¿cuál es el significado de esto? No es un “que te vaya bien”, “que te proteja”. No.

Vamos a leer qué quiere decir bendecir.

Es en la 12-141, la 24-31, atrás.

Dice: “Significado de la bendición y de la señal de la cruz”.

24-31, julio 29, 1928:

“Mi bendición sea la confirmación de nuestra semejanza en ti. Ella te confirma lo que la divinidad hizo en la creación del hombre, esto es, nuestra semejanza.

Por eso tú debes saber que en el curso de mi vida mortal, en cada cosa que Yo hacía, bendecía siempre. Era el primer acto de la creación que Yo llamaba nuevamente sobre las criaturas y, para confirmarlo, bendiciendo invocaba al Padre, al Verbo y al Espíritu Santo”.

Entonces, ¿qué quiere decir? Nos está ratificando todo lo que Él tenía la intención de hacer a través de esta bendición, todo lo que tenía intención de hacer en nosotros, criaturas. ¿Cuál era la finalidad?

Y bendecía también a la creación para volverla a ese punto de origen, que era servir al hombre, para traernos el amor de Dios, para traernos los atributos de Dios, para que viéramos, como reflejo, los atributos de Él, para poder irlo conociendo.

Entonces, todo, todo era una confirmación de la obra creadora de Dios.

Sí. Y el bendecirlo a nosotros es unirnos también a esa confirmación.

Así es.

Así, cuando nosotros nos ponemos ya en esta actitud, ahora también esa bendición la tenemos nosotros y lo acompañamos en ella.

Es que yo estaba viendo que todas las bendiciones que le demos, reparaciones, oraciones, todo lo activo, digamos, o sea, nuestras oraciones, todo eso nos acerca muchísimo a Jesús y como que ya luego se dan los conocimientos.

O sea, que no tratar de tener primero los conocimientos y no actuar primero. Digo, es una forma, pero por eso estamos de acuerdo. O sea, el conocimiento te sirve para saber qué hacer, qué hacer dentro de este medio de la Divina Voluntad.

El entrar en la Divina Voluntad no es exactamente por el conocimiento,

 sino es por la intención, 

por la disposición, 

y ya luego con eso entramos

 y el conocimiento te va indicando qué se puede hacer dentro de ella.

Es que un ejemplo: si le quiero enseñar a jugar fútbol a 22 niños, pues yo los pongo en una cancha y les aviento el balón y, sobre la marcha, les voy enseñando las reglas. Pero que le vayan pegando al balón. Les digo: “Ustedes tiran para allá y ustedes para allá”, y sobre la marcha les voy dando las reglas.

Entonces, como que empecé... Y yo, a ver, eso que primero es la acción y luego ya los conocimientos ya van entrando solos.

Pero no hay reglas.

Entonces, a mí me ha servido eso.

Así es. A otro le puede servir otra cosa.

Entonces nos renueva la memoria, nos renueva la inteligencia y nos renueva la voluntad gracias a este llamado de la Trinidad en esa bendición, para renovar y asegurar que todo lo que Él creó está a nuestra disposición.

Nos avienta la pelota, como dice Alejandro.

Sí.

Vamos a... De los efectos de la bendición.

Segunda hora

En esta segunda hora, Jesús se separa de su Madre Santísima y se encamina al Cenáculo.

“Mi adorable Jesús, veo que te decides a partir para ir a donde el querer del Padre te llama. Es tanto el amor entre el hijo y madre que os vuelve inseparables, por lo que Tú te quedas en el corazón de la mamá y la Reina y Dulce Mamá se deja en el tuyo. De otra manera os habría sido imposible el separar.

Pero la palidez de tu rostro, tus labios temblorosos, tu voz sofocada, como quisiera romper en llanto al decirle adiós, todo me dice cuánto la amas y cuánto sufres al dejarla, pero para cumplir la voluntad del Padre.

Con vuestros corazones fundidos el uno en el otro, a todo os sometéis, queriendo reparar por aquellos que, por no vencer las ternuras de los parientes y amigos, los vínculos y los apegos, no se preocupan por cumplir el querer santo de Dios y corresponder al estado de santidad al que Dios los llama”.

Esto es una verdad del tamaño del universo.

¿Cuántas veces, por afectos, por amores humanos, dejamos de lado estos afectos, estos amores a Jesús y, sobre todo, omitimos cumplir con la voluntad del Padre?

Jesús nos enseña aquí que, siendo María su cielo, siendo María todo lo que nos acaba de decir, sin embargo, por la voluntad del Padre, que quiere que nosotros... que quiere, perdón, que quiere que nos enseñe Jesús a separarse, a separarnos de todo esto, Jesús se somete a esta separación, a esta cruel separación, pero al mismo tiempo nos enseña que se mantienen unidos en la Divina Voluntad.

Qué hermoso sería que todos, viviendo en la Divina Voluntad, no tomáramos tanto en cuenta la separación física, sino tomando en cuenta la separación espiritual a través de esta Divina Voluntad.

“Sí, amable amor mío, mientras contigo reparo, permíteme que permanezca con tu mamá para consolarla y sostenerla mientras Tú te alejas”.

Pero con sumo dolor veo que mi angustiada mamá tiembla y es tanto el dolor que, mientras trata de decir adiós al hijo, la voz se le apaga en los labios y no puede articular palabra. Casi desfallece y, en su desfallecimiento de amor, dice:

“¿Qué dolor no te dan estas almas al rechazar de sus corazones el amor que quieres darles, para contentarse con el amor de las criaturas?”

Así es, ahora.

Después de esto ya Jesús empieza a caminar rumbo a este tremendo... este encuentro de su Pasión.

—¿Y a dónde se dirige?

—A Jerusalén.

—En Jerusalén, exactamente.

¿Y qué dice? Que mientras recorre las calles de Jerusalén, Luisa nos pone en conocimiento de lo que Él iba diciendo, y dice:

“Es la última vez que recorro estas calles por Mí mismo. Mañana las recorreré atado, arrastrado entre mil insultos. Mi vida está por llegar a su ocaso acá abajo, como está por llegar a su ocaso el sol, y mañana a esta hora no estaré más. Pero como sol resurgiré al tercer día”.

Y diciendo a sus apóstoles:

“Ánimo, no se aflijan. Yo no los dejo. Siempre estaré con ustedes, pero es necesario que Yo muera por el bien de todos ustedes”.

Sí. Volumen 14, lectura 73.

Dice Jesús:

“Mi Humanidad, no queriendo otra vida que la sola voluntad divina, iba suplicando cada pensamiento, palabra y obra de criatura y extendía sobre todo un acto de voluntad divina, y esto daba satisfacción y glorificaba al Padre divino, de modo que Él pudo mirar al hombre y abrirle las puertas del cielo, y Yo anudaba con más fuerza a la voluntad humana, dejándola siempre libre de no separarse de la voluntad de su Creador, causa por la que se había precipitado en tantas desgracias.

No estuve contento solo con esto, sino que quise que mi Mamá también Santa me siguiera en el mar inmenso del querer supremo y, junto conmigo, duplicara todos los actos humanos, poniendo en ellos el doble sello, después del mío, de los actos hechos en mi voluntad sobre todos los actos de las criaturas”.

O sea, que también nuestra Madre participó en este rehacer al ser humano, poniendo un acto de ella sobre cada acto de Jesús.

Y lo mismo nos pide prácticamente a nosotros, que, fundiéndose, para acompañarlos, para amarlos, para glorificarlos por todo lo que hacen y, sobre todo, participar de los efectos de sus actos, porque ahora nosotros también, de nosotros, sale el efecto de ellos.

Tercera hora

Dice: La Cena legal.

En esta, todo es amor en Ti. En esto no solo reparas por los pecados de gula, sino que consigues también la santificación del alimento, y así como este se convierte en fuerza, así nos obtienes la santidad hasta en las cosas más bajas y más comunes.

Curioso, ¿no? Nosotros podemos tener esta santidad en todo y todo nos sirve para acrecentar esta santidad y nos sirve para ir creciendo cada día más en este estado de semejanza con Jesús.

O sea, que toda esa bendición que hablábamos en la segunda hora nos sirve para esto y a la creación la deja restituida todo lo que Él había puesto en ella en el momento de la creación.

Así que cada vez que comamos, cada vez que respiremos, cada vez que tomemos agua, cada vez que hagamos lo que hagamos, debemos tener presente que estamos recibiendo estos beneficios que Dios ha puesto en nosotros para llevar a cabo nuestra santidad.

Es en esta hora que ve en los dos discípulos, Juan y Judas, representados los dos pueblos: el réprobo y el elegido.

El réprobo en Judas, que siente ya el infierno en el corazón, y el elegido en Juan, que en Ti reposa y goza, pero en esos momentos se te escapan dolorosos latidos por las almas perdidas.

“Oh Jesús, no permitas que nuevas almas se pierdan. Haz que tu latido, corriendo en el suyo, les haga sentir los latidos de la vida del cielo y, atraídas por la suavidad y dulzura de tu amor, todas puedan rendirse a Ti”.

El alimento que tomas es un Cordero que te representa y, así como en este Cordero, por la fuerza del fuego, no queda ningún humor vital, así Tú, Místico, que por las criaturas debes consumirte todo por fuerza de amor, ni siquiera una gota de tu sangre conservarás para Ti, derramándose.

Pasión que tienes siempre presente en la mente, en el corazón, en todo. Y esto me enseña que, si también yo tuviera siempre delante a mi mente y en el corazón el pensamiento de tu Pasión, jamás me negarías el alimento de tu amor.

¡Cuánto te agradezco por esto!

Vamos a seguir.

Terminada la Cena legal, elévese el himno de agradecimiento al Padre por haberles dado el alimento, queriendo reparar con esto todas las fallas, las faltas de agradecimiento de las criaturas por los tantos medios como nos das para la conservación de la vida corporal.

Una simple sugerencia: siempre dar las gracias, agradecer por todo lo que se nos ha dado, cosa que no siempre acostumbramos.

Seguimos.

Volumen 13, lectura 22.

Dice Jesús:

“Mientras cenaba con mis discípulos, no era solo a ellos a quienes tenía a mi alrededor, sino a toda la familia humana, y mientras dividía el cordero, ofreciéndoles a los apóstoles, lo daba a todos y a cada uno. Aquel Cordero desvenado, asado, cortado en pedazos, hablaba de Mí; era símbolo de mi vida y de cómo debía reducirme por amor de todos, y Yo quise darlo a todos como alimento exquisito que representaba mi Pasión.

Pero ¿sabes tú por qué llamé a todos y les di el cordero a todos? 

Porque también Yo quería el alimento de ellos. 

Cada cosa que hicieran quería que fuese alimento para Mí. 

Quería el alimento de su amor, de sus obras, de sus palabras, de todo”.

Bueno, este punto es también especial. En realidad, en estas tres primeras horas no nos ha hablado mucho de lo que... de la reparación que Él quiere. Simplemente el acompañarlo, el bendecirlo, el acompañar a nuestra Madre Santísima y ahora, en la Cena, bueno, el agradecimiento por los alimentos, en fin.

Pero esto último es importante. Dice:

“¿Sabes tú por qué llamé a todos y les di el cordero a todos?”

Porque nos dijo que en los apóstoles estábamos todos representados, todos nosotros, y nos estaba ofreciendo prácticamente el mismo alimento que ellos estaban tomando.

Dice:

“Porque también Yo quería el alimento de ellos”.

Cosa muy curiosa: nosotros nos alimentamos de Jesús, pero Jesús se alimenta de nosotros.

Nosotros nos alimentamos de Él en su vida eucarística, su vida completa, sus actos, en fin, todo lo que Él realizó en este mundo. Ahora Él quiere alimentarse de nosotros.

Y ese alimentarse de nosotros significa que cada acto nuestro hecho en la Divina Voluntad —porque debe ser así—, si no es en la Divina Voluntad, a Él no le sirve de alimento, porque Él se alimenta de lo divino, no de lo humano.

Recordemos aquel pasaje cuando está Jesús con la samaritana. O sea, que empiezan a entablar aquel diálogo del agua, en fin, y cuando llegan los apóstoles, que habían ido por comida, o sea, le dicen a Jesús que coma, y le dijo:

“Es que Yo ya comí”.

Y entonces preguntan entre ellos:

“¿Quién le habrá traído alimento?”

¿Qué dice Jesús?

Que hacer la voluntad del Padre es su alimento.

Así es. Esto es lo que Él quiere de nosotros: que nosotros, fundidos en la Divina Voluntad, hagamos todos nuestros actos en Ella para que Él pueda alimentarse prácticamente de la voluntad del Padre, pero saliendo de nosotros, que son las bolitas que salen de Luisa.

Sí, en esa lectura donde Jesús llega con Luisa y le dice:

“Tengo hambre”.

Y entonces Luisa le dice:

“Señor, es que no tengo nada que darte”.

Y nos dice Luisa que Jesús metía la mano en el interior de Luisa y sacaba unas bolitas blancas y se las comía.

Y entonces Luisa, admirada, le dice:

“Oye, ¿y eso de dónde lo sacaste?”

Y le dice:

“Estos son tus actos hechos en mi voluntad”.

En fin.

Bueno, pues hasta aquí tenemos, en esta hora, estas tres primeras partes de la Pasión de Jesús.

—¿Algún comentario, Aita?

—Sí, doctor. De hecho, hay una pregunta que hice: ¿cómo meditar cada hora de nuestro día y las 24 Horas de la Pasión?

—Bueno, no. La meditación no se debe hacer en forma humana, en donde nos ponemos tranquilamente en actitud de estar pensando, y esto sería prácticamente imposible con nuestras actividades diarias.

Esta forma nos pone en la firme convicción de que todo lo que estemos haciendo, recibiendo, dando, se lo debemos prácticamente a la Pasión de Jesús; que todo lo que somos, que todo lo que tenemos, que todo lo que pensamos, que todo lo que hablamos, se lo debemos a la Pasión de Jesús y que debería de estar saliendo de nosotros, pero en esa unión con esa Pasión.

Entonces, este sería el modo de estar continuamente sobre estos actos, haciendo lo que Jesús quería que hiciéramos.

En fin, no se trata de ir pensando, meditando, porque sería imposible poderlo hacer desde un punto de vista práctico junto con nuestras actividades diarias.

No sé qué qué opinen ustedes.

—Sí, pues sí. Es este... como que es muy personal, ¿no?

—Es personal.

—O sea, totalmente. Pero, sobre todo, es la firme convicción de que todo se lo debemos a la Pasión de Jesús.

—¿Algún otro invitado?

—Sí, doctor. También Marisol Mendoza dice: “Ya al empezar a hacer las Horas de la Pasión y al fundirnos en la Divina Voluntad, ¿ya las estamos viviendo?”

—Bueno, de alguna manera, sí, así es.

—Y, pues, también sobre la bendición de la comida y por qué dicen que ya no... ya podría ser voluntad humana y pedirle, en el sentido de que nos bendiga los alimentos, no solamente podamos pedir el reino para hacerlo todo voluntad. Ya no entendí.

Es que dice: “He escuchado que el doctor solamente que se pide el Reino, de lo contrario nos saldríamos de la Divina Voluntad, y si Jesús ya bendijo todo, no tiene sentido volvérsela a pedir”.

—No es que una cosa es bendecir y otra cosa es pedir. O sea, el unirnos con Él, unirnos con Él en su acto de bendecir, sería ponernos en ese momento y bendecir junto con Él los alimentos.

Entonces, cada vez que nosotros comamos, puede ser antes o después, agradecer.

 Primer punto: agradecer el hecho de que nos los ha dado.

 Después, el tener presente que son obras de la creación de Dios y que en esos alimentos está la bendición de Dios para traernos todos los beneficios y el amor que Él quiso poner en cada uno de ellos.

O sea, no se trata de pedir; se trata de agradecer y de bendecir junto con Él todo lo que ha hecho.

—Sí. He estado...

—Bueno, gracias.

De la lectura 53, un párrafo que no leímos que me llamó la atención, que dice, cuando se separó de su mamá, Jesús, que dice:

“Hija mía, ciertamente que no podía ver separación entre Yo y mi dulce mamá. La separación fue solo aparentemente. Yo y ella estábamos fundidos juntos y era tal y tanta la fusión que Yo quedé con ella y ella vino conmigo. Así que se puede decir que hubo una especie de bilocación”.

Y lo siguiente, lo que quería leer, que dice:

“Esto sucede también a las almas cuando están unidas verdaderamente conmigo y, si rezando hacen entrar en sus almas como vida la oración, sucede una especie de fusión y de bilocación. Yo, dondequiera que me encuentre, las llevo conmigo y Yo quedo con ellas”.

O sea, que entre más oraciones, bendiciones, gracias y todo eso, como que vamos entrando a esa fusión con Jesús más.

—Así es.

Yo quiero recalcar, porque se presta a confusión cuando se oye la palabra oración. Recordemos que la oración en la Divina Voluntad son los giros, o sea, es la unión con Él, haciendo lo que Él hacía.

Entonces, por ejemplo, esto que dice en esta lectura es cierto: sí, la oración nos ayuda, nos adentra, nos acerca a Él, pero es el fundirnos en la vida de Él.

—Ajá. Sí.

Cuando dice: “Reza, pero reza como rezo Yo”.

—Así es.

No, porque si no, si lo dejamos así y lo entendemos como oración, lo podemos pensar en forma tradicional y, pues, para eso vamos por el librito de oraciones y nos ponemos a leer.

—Sí, no.

Y no se trata de eso. No se trata de girar en la vida de Jesús, juntos, fundidos en la Divina Voluntad.

—Sí. Yo pensaba, por ejemplo, que el rosario sería como un camino, así, este... ¿cómo se llama?, como recorrer una pista para llegar a Dios.

Y entonces pensaba en la película de Volver al futuro. Ahí ponen un coche que vuela al futuro y entonces ahí se usaría ese camino, pero de repente alguien lo está persiguiendo. Cuando viene el coche del futuro, que ya es otro, y entonces dice: “Corre por acá”, y va corriendo el coche y dice: “No, pero ahí no, porque no hay camino”, y le hace: “¿Quién necesita camino?”, y vuela el coche porque ya viene del futuro.

Entonces, como que esa es la nueva oración. Ya no necesitamos ese caminito repetitivo del Rosario, sino que ahora ya es otro nivel. O sea, ya son los giros, como usted dice, o el coche: “¿Quién necesita camino?”

Esto, de alguna manera, aunque es chusco, pero creo que tiene mucha razón, y yo lo uniría prácticamente, o sea, con algunos de los frases de los dichos de 

San Juan de la Cruz; o sea, para ir a donde no conoces, tienes que ir por donde no conoces.

Entonces, en el coche, o sea, lo van persiguiendo, él va hacia algún lado, pero tiene que ir por donde no conoce. Simplemente se eleva en el futuro y listo.